.Encontrada vida extraterrestre.

 

Una de las sensaciones más intensas y agradables para mi sucede cuando, después de una breve lluvia, las moléculas de Screenshot_1Geosmina son percibidas por mi órgano sensorial olfativo… “Usease”, cuando huelo por la nariz la fragancia que despide la tierra mojada, algo tan breve pero intenso y agradable como un orgasmo en condiciones. Y digo esto porque continuamente el mundo que nos rodea, que nos influye, que nos condiciona y dónde terminarán nuestros átomos, nos regala continuas sorpresas. Desde el tentador descubrimiento de una especie de eucalipto australiano que almacena como producto de “desecho” partículas de oro, hasta la curiosa e interesante investigación encontrando una diferencia medible entre las lágrimas de tristeza y las lágrimas de felicidad, algo que ya suponíamos muchos.

Pero las sorpresas en ciencia son y van a ser un larguísimo rosario (perdón por el símil) en estos años de avances y asombros. Que si un molusco ha conseguido generar metal para recubrir sus mandíbulas al más puro estilo “Alien”, que se ha pillado a dos insectos en plena faena copulatoria… en un fósil del Jurásico (ríanse los paparazzi), cómo un Martín Pescador emplea un cebo cual hábil pescador de caña para capturar un pececillo o cómo una especie de Áfido (pulgón) parece que emplea la luz solar para fines metabólicos como hacen las plantas en su proceso fotosintético.

shutterstock_77399518Tecnologías como la fusión nuclear (rompiendo el punto de equilibrio), verdadera revolución en la obtención de energía, o el acceso al Internet cuántico, Santo Grial (perdón por el símil) que garantizaría la seguridad y velocidad universal, están a pocas paradas del autobús de nuestra evolución como especie inteligente. Aunque siempre he pensado que la humanidad y la empatía forman parte indisoluble de nuestra civilización y nuestro futuro, faltando cualquiera de ellas todo progreso, todo avance casi resulta un burla trágica para los miles de seres humanos que mueren, simplemente, por no poder beber agua en condiciones salubres. Como toda actividad humana, como toda creación evolucionada desde las interrelaciones entre los seres humanos y sus ideas y creaciones, la ciencia no debería abstraerse al sufrimiento y la injusticia, debe combatirla con una actitud cercana a los conflictos humanos sin perder el rigor necesario.

Además la ciencia toca la fibra más sensible, aquélla que ofrece imágenes tan sublimes como esta fotografía en color real tomada por la sonda Cassini del planeta Saturno y su masivo sistema de anillos, con siete de las lunas y Marte, Venus y la Tierra. ¿Los ves? (clicar para ver a mayor resolución):

Screenshot_3 (Copiar)

En una pequeña zona de la fotografía, abajo y a la derecha, de esta bellísima imagen de Saturno, de sus anillos y satélites, como un punto azul pálido, tal y como lo describió mi admirado Carl Sagan, se encuentra nuestro planeta y nuestra luna; en ese punto vivimos, ese planeta nos protege del frío e inhóspito espacio y es el único hogar que, por ahora, tenemos, y es un precioso hogar:

Screenshot_2

Y debo, por su certera descripción, transcribir las palabras que Sagan utilizó como glosa y epíteto de la magnífica serie Cosmos, hace ya muchos, muchos años:

 

 

Desde este punto de vista lejano, la Tierra puede no parecer de cualquier interés particular. Pero, para nosotros, es diferente. Consideremos de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y cada recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado, cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de un lugar del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra parte del punto. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestros posicionamientos, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la gran penumbra cósmica que todo lo envuelve. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. Dependemos solo de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y yo añadiría que formadora del carácter. En mi opinión, no hay quizá mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido

 

Si asombra lo descubierto, nos debería impresionar más aún lo que queda por descubrir, aunque sólo sea por borrar la cara de ignorantes que mostramos cuando intentamos prever el futuro y luego todo discurre por otras sendas ni siquiera imaginadas. Quizá no debiéramos cerrar la boca de asombro porque el futuro, cercano, nos deparará descubrimientos asombrosos; la bendita (perdón por el símil) ansia del ser humano, de algunos seres humanos, por extender las fronteras del conocimiento y aplicar en el beneficio de la humanidad todo lo descubierto, seguirá pese al político cerril o al dirigente corrupto. Siempre he pensado que aparte de la salud, la educación, la ciencia, la cultura y el arte deberían ser protegidos como bienes inmateriales de la humanidad frente a recortes o malos usos; aunque esto suene utópico, siempre las utopías terminan por trascender su noción fantástica y se realizan. Tiempo al tiempo, cuántico claro.

Einstein (Alberto) ya avanzó en una de sus geniales frases, cuál es el sólido fuste que debe soportar el conocimiento humano:

 

“The true sign of intelligence is not knowledge but imagination”

(La verdadera señal de inteligencia no es el conocimiento, sino la imaginación).

 

Será por eso que hemos, ¡por fin!, encontrado signos de vida inteligente lejos, muy lejos de la Tierra:

Astronomers Detect First ‘Clear Signs of Civilization’ Beyond Earth“.

 

Copyright © Antonio Grañena Marín, texto bajo licencia Creative Commons y Safe Creative.