.Insectos con engranajes.

 

Si algo admiro de la ciencia como actividad humana, es su enorme capacidad de evolución, su demostrada capacidad auto correctora y la continua adaptación práctica de sus descubrimientos al bien común de la humanidad (aunque, como todo lo humano y lo divino, el mal siempre surge).

La ciencia en su conjunto (frente a otras actividades referidas al pensamiento o creencias como puedan ser la religión o la filosofía), se rige por una reglas que estructuran su desarrollo y su utilidad con un dinamismo cada vez mayor. Además tiene una ventaja añadida cuando esa continua adaptación a la misma evolución social del ser humano redunda en su calidad de vida. La ciencia, su aplicación en la sociedad, el hecho de conocer, de saber, para aplicar estos conocimientos a la cultura general del ser humano y a su beneficio en futuras generaciones, es patente en multitud de facetas de nuestra sociedad moderna.

issusUna de las cosas que he aprendido sobre la naturaleza y la evolución como fuerza modificadora del universo, pasa por reconocer la posibilidad casi comprobada de la existencia anterior de cualquier artefacto mecánico o electrónico que el hombre haya desarrollado. Creemos haber descubierto elementos de tecnología, procesos o mecanismos no existentes de forma natural, pero no es así. Malcolm Burrows y Gregory Sutton han publicado en Science un bonito e instructivo artículo describiendo los primeros engranajes producidos por evolución natural. Se trata de un dispositivo puramente mecánico que facilita el salto en los jóvenes ísidos que tienen el pomposo nombre “Issus coleoptratus“; estos insectos, en su etapa joven, sincronizan las dos patas gracias a estos engranajes y consiguen realizar un salto de precisión y enorme aceleración (+400 g´s). Lo curioso es que este dispositivo lo pierden en su etapa adulta… no tienen talleres de reparación. Es muy recomendable un libro que leí hace ya tiempo al respecto de este paralelismo entre los mecanismos creados por el hombre y su anterior existencia en la naturaleza: “Ancas y palancas” de Steven Vogel; preciso y exhaustivo recorrido por los mecanismos que los seres vivos han desarrollado comparándolos con los creados por el intelecto humano.   

Esa misma fuerza natural, la evolución, juguetona y caprichosa ella, nos regala formas vivas de dudosa eficiencia y desconocida función, como es el caso de estos membrácidos de formas caprichosas, incluso increíbles pero que denotan la extraordinaria potencia funcional de la evolución a la hora de “probar” modelos. Y quien mejor que los seres humanos para defender a los más débiles, somos capaces de crear la Sociedad para la conservación de los animales feos, verdadera necesidad ética y moral para conservar las especies menos agraciadas de la faunaPicMonkey Collage planetaria, que también tienen derecho a ser defendidos, ¡qué caray!.

Y como todos los años, mostrando ese aspecto tan poco conocido de los científicos como es el buen humor,  la revista de humor científico Annals of Improbable Research (AIR) ha concedido los premios IG Nobel. Estos galardones se otorgan cada año como parodia de los Premios Nobel y se entregan a diez grupos de científicos que “primero hacen reír a la gente y luego hacen pensar”. Son presentados por auténticos Premios Nobel y pretender, con muy buen humor, celebrar investigaciones o descubrimientos inusuales, curiosos e (incluso) poco atractivos, todo por el loable empeño de estimular la investigación científica en todas las facetas de la vida. Algunos de los galardones de este año son (traducción de Microsiervos):

*Medicina a Masateru Uchiyama, Xiangyuan Jin, Qi Zhang, Toshihito Hirai, Atsushi Amano, Hisashi Bashuda Masanoriy Niimi por estudiar los efectos de escuchar ópera si te han trasplantado el corazón y eres un ratón.

*Psicología a Laurent Bègue, Brad Bushman, Oulmann Zerhouni, Baptiste Subra, y Medhi Ourabah por confirmar experimentalmente que las personas que creen estar borrachas también piensan que son atractivas.

*Biología y astronomía a Marie Dacke, Emily Baird, Marcus Byrne, Clarke Scholtz y Eric Warrant por descubrir que cuando los escarabajos peloteros se pierden son capaces de volver a casa mirando a la Vía Láctea.

*Seguridad e ingeniería a Gustano Pizzo por inventar un sistema electromecánico para atrapar secuestradores aéreos: el sistema lo deja caer a través de una trampilla, lo empaqueta, y luego lo deja caer a tierra –con un paracaídas, eso sí– mediante unas compuertas instaladas a tal efecto.

*Paz a Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia, por hacer ilegal aplaudir en público y a la Policía de Bielorrusia por arrestar a un hombre con un solo brazo por aplaudir.

*Probabilidad a Bert Tolkamp, Marie Haskell, Fritha Langford, David Roberts, y Colin Morgan por dos descubrimientos relacionados. El primero, que cuanto más tiempo lleve una vaca tumbada más probable es que se levante pronto; el segundo, que en cuanto una vaca se levanta no puedes predecir fácilmente cuanto tardará en tumbarse de nuevo.

*Salud pública a Kasian Bhanganada, Tu Chayavatana, Chumporn Pongnumkul, Anunt Tonmukayakul, Piyasakol Sakolsatayadorn, Krit Komaratal, y Henry Wilde, por el conjunto de técnicas para tratar amputaciones de penes que describen en su informe, eso sí, no son aplicables si el pene ha sido parcialmente comido por un pato.

 

Vamos, para que luego digan que la ciencia no es divertida.

Ahora dos historias. En realidad dos finales bien diferentes, triste uno, quizá, bello el otro, seguro.

El primer experimento de la gota de brea fue comenzado por Thomas Parnell físico de la Universidad de Queensland en 1927 y quería demostrar a sus alumnos que la brea, aunque a temperatura ambiente parece un cristal, no es un material sólido sino un líquido de altísima viscosidad (unas 100.000 millones de veces más viscoso que el agua). Así ideo un experimento para demostrarlo que está descrito en esta web: “Pitch drop experiment“. Parnell murió sin ver caer la gota de brea y, posteriormente en el año 1961, John Mainstone recogió el testigo recuperando el experimento. Pero tuvo la misma suerte que su colega, pudo ver, a lo largo de los años, gotas pero ya caídas, ninguna en riguroso directo. En los 83 años que lleva activo el experimento, sólo han caído 8 gotas. Pero la ciencia no entiende de sentimientos y hace unos días Mainstone falleció de un derrame cerebral sin poder asistir en directo a tal emocionante acontecimiento. Lo cierto es que nadie ha logrado ver en directo la caída de la gota de brea, ni tan siquiera con la moderna instalación de cámaras web de grabación continua. Y la ciencia se volvió cruel con él cuando otros físicos, éstos del Trinity College de Dublín, se le adelantaron y grabaron por primera vez una gota de brea cayendo el pasado mes de julio en un experimento paralelo que iniciaron mucho después del suyo, en 1944, apenas hace 69 años. 

Y una bella historia de amor, entre Ann Druyan y Carl Sagan, mi admirado Sagan, científico y divulgador extraordinario, él impulsó mi pasión por la ciencia haciéndome ver el mundo como un todo dependiente del cual no debemos abstraer las emociones y los sentimientos porque también éstos se ven modificados por la ciencia. En los años setenta partieron dos sondas espaciales para estudiar los planetas exteriores: los Voyager 1 y 2. Ahora están saliendo de nuestro sistema planetario, de la influencia electromagnética del Sol, nuestra estrella. En cada uno de ellos va un disco de oro con una selección de música, sonidos, idiomas e imágenes de todo el planeta así como un inteligente lenguaje de descodificación del mismo disco, todo por si una inteligencia extraterrestre encuentra una de las sondas (algo casi improbable). Este disco fue ideado por un comité científico presidido por Carl Sagan y fue un enorme reto intelectual.

Pero, además de toda esa información formal, estética o científica, a Ann Druyan (tercera esposa de Sagan) se le ocurrió incorporar en el disco algo más propio del ser humano, algo que le distinga de los gusanos o de los cactus, algo por lo que se puede dar la propia vida, algo tan sublime que otorgaría la cualidad de civilizado a cualquier organismo que no prostituyese su concepto. Ese algo pasaba por representar en forma de ondas cerebrales (EEG) un pensamiento que involucre el amor entre dos personas. Y a Ann se le ocurrió “grabar” la gráfica de sus ondas cerebrales cuando, en sincera y auténtica situación, ella y Sagan se comprometieron en matrimonio. Precioso testimonio.

annsbrainwaves

 

Termino enlazando la preciosa historia anterior con esta imagen (pinchar sobre ella para mayor resolución). Nuestro hermoso planeta, la única y mejor casa que podemos tener, el hogar de nuestra especie, de los que han vivido, de los que han muerto y de los que vivirán en un futuro. Esta precisa imagen nos ensaña la variación anual de la vegetación en el ártico, como la respiración del propio planeta:

BreathingEarthsmall

 

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