.¿A quién debes votar, hijo?.

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Pues resulta que mi hijo mayor, Miguel, por vez primera va a ejercitar (como dicen) el sagrado (pero no espiritual) derecho de elección democrática de representantes y gestores de la "res publica", de eso que tanto escuece a propios y extraños, de eso llamado como imprescindible para el buen gobierno de toda sociedad moderna, solidaria y avanzada. El derecho al voto ya lo inventaron hace mucho tiempo como parte esencial del sistema de gobierno llamado democracia, cuando Platón y Aristóteles lo contrapusieron en clasificación a la monarquía (gobierno de una persona) o a la antigua aristocracia (gobierno de los mejores). Dicen que es el menos injusto de los sistemas de gobierno, dicen. Al menos es un sistema que otorga capacidad de decisión al común de los ciudadanos de un país, aunque yo soy de la opinión (nada correcta) que el derecho al voto debe uno ganárselo.

Y mi hijo Miguel tiene cierta madeja mental entre los hilos casi imperceptibles hoy en día de las ideas y/o ideales, los nudos gordianos de las promesas políticas y las agujas incorruptas de las diferentes corrupciones que surgen por doquier como surge la grama en primavera lluviosa. España está, a día de hoy, alcanzando tal cúmulo de casos en que políticos, funcionarios y personas de gran trayectoria servil (“aka” pelotas) efectúan su derecho a la corrupción que, sin ser andaluz exagerado, me atrevo a equiparar mi querido país con algún otro importante país latinoamericano pletórico de mordidas, con la única diferencia a favor de España de la extraordinaria paciencia ciudadana ante tantos desmanes y el “casi” inexistente olor a pólvora quemada. El monto de dinero defraudado, robado o malgastado es de tal calibre y está tan extendido en partidos, sindicatos y organizaciones públicas y privadas, que la inmensa mayoría de los súbditos de este rey campechano, multimillonario y derrochón, estamos anestesiados, bien por el "pan et circensis" del "furgol", la telebasura, la canción del verano o las excursiones de centro comercial o bien (los menos) porque tenemos familia e hijos reconocidos y preferimos no alzar la voz a una clase política alejada de los problemas comunes y anclada, por mor de sistemas electorales caducos, en unos escaños conseguidos sin mirar el número de personas físicas que han votado.

Estas elecciones, Miguel, hijo mío, además tienen como acicate el hecho de ser renovación de cargos en el Parlamento de la Unión Europea, esa suerte de ensaladilla de países casi sin ningún vínculo histórico afectivo pero forzados a convivir para competir eficazmente con otras zonas comerciales del planeta llenas de ojos horizontales o terribles marshmallow´s chamuscados. No se habla de esa "Europa" de Carlomagno, de la Europa de los pueblos, ni tan siquiera se respetó el índice inicial de la denominación estatutaria: Comunidad, definición, a mi entender, más acorde con la variedad de culturas y sensibilidades existentes. Ahora esta unión forjada con visión de futuro pero prostituida por el dinero es, en su mayoría, una Europa mercantilista cuya formación trajo evidentes avances en materia de progreso para los países que llevábamos un considerable retraso en infraestructuras y equiparación de derechos, léase España. Nos beneficiamos de ello y, así, pudimos dar trabajo con los fondos de cohesión y crear desde un polideportivo en un pueblo de 65 habitantes hasta ampliar carreteras, construir hospitales o mejorar universidades (aunque aun no hablemos inglés). Pero los políticos siguen sin darse cuenta del escaso interés suscitado entre nosotros por esa burocracia, inmensa, carísima y elitista de europarlamentarios que, si bien de vez en cuando logran acuerdos beneficiosos para los países miembros, en otras ocasiones olvidan el verdadero propósito de la Unión Europea: el beneficio de sus ciudadanos; a mi me causa cierto "mosqueo" mental las palabras definitorias de su nombre fundacional: "nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los estados y los pueblos de Europa"… ¿y el bienestar y protección de sus ciudadanos, dónde queda?. Las encuestas vuelven a pronosticar una abrumadora abstención y mucho porcentaje de votos en blanco, posiciones tan válidas como el resto de opciones democráticas. Y, aún así, gobiernan sin sonrojarse porque desprecian ese "no voto" al considerarlo elección de dormilones, vagos o ácratas. Dudo que existan tantos irresponsables.

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Miguel, yo he votado muchas veces desde las primeras elecciones democráticas que se instauraron en España. A estas alturas electorales, he llegado a la conclusión que, de todas las votaciones en las que participé, la más importante fue la del año 1978, cuando los entonces asustados ciudadanos acudimos a votar la aprobación de la primera Constitución Democrática de nuestro país, la primera, año 1978, cuando otros países con mucha menos trayectoria histórica que el nuestro, llevaban más de 200 años de desarrollo democrático. Voté con la ilusión del ciudadano que desea lo mejor para la buena gente de este país (la mayoría), voté con la esperanza de conseguir el olvido por parte de sectores alistados a la caspa franquista (parte excelsa de la derecha) y por parte de camaradas pringados por la grasa del bocadillo de panceta (parte guerrillera de la izquierda), unos deseosos de aguantar el poder y otros deseosos de revancha serrana. Aún así, se pudo transitar con relativa paz social (aunque con los muertos del terrorismo) y conseguir avanzar hasta donde hemos llegado. Me imagino que ahora, después de llevar unos cuantos años leyendo prensa, Internet, viendo televisión y escuchando comentarios de tus padres, te preguntarás: ¿tantos años de paciencia, sacrificio y trabajo de todos los españoles para llegar a esta situación actual?.

Miguel, hijo, vas a votar por vez primera el próximo 25 de mayo, y me preguntas de vez en cuando a quién voy a votar yo, incluso a quién deberías votar tú. Y te digo que el voto es secreto, quizá el único secreto entre familia; yo nunca he querido influenciarte ni en tu forma de pensar, creer o actuar, tan solo hemos intentado tus padres, educarte en unos valores universales que la política y la religión llevan apropiándose durante siglos.

Nuestra democracia, aunque no lo creamos, aunque los mayores no lo perciban, es muy joven aun, le faltan años de madurez, respeto, diálogo, tolerancia, consenso… incluso elegancia en las formas, en el lenguaje de políticos que braman porque no saben qué es la dialéctica, entre políticos ávidos de poder rodeados de gente "pelota" y servil sin los arrestos necesarios para plantarles cara cuando comenten cualquier irregularidad o incumplen las promesas (disciplina de partido lo llaman). En España, a día de hoy, existen cientos de políticos encausados por diferentes delitos de corrupción, malversación y prevaricación, desde luego que no podemos generalizar, que los corruptos son una parte pequeña y la mayoría es gente sana y deseosa de gestionar la sociedad para el bien común; sin embargo, sinceramente, ¿puede creerse alguien que estos políticos honrados no sabían nada al respecto de los delitos que estaban cometiendo sus altas instancias ideológicas?, yo no me lo creo, y si lo sabían ¿porqué no lo denunciaron?. Quizá por ello nunca podré pertenecer a un partido político, porque nunca podré apoyar a un compañero del que sepa ejecutor de cualquier delito.

Pero, lo que más me preocupa del estado actual de nuestra sociedad, es la inmensa indiferencia de muchas personas que prefieren morderse la lengua hasta sangrar, mirar hacia otro lado o creerse las mentiras, antes que poner en tela de juicio las actuaciones de sus líderes o partidos, sus convicciones pregonadas por personas corruptas; prefieren la sucia fidelidad antes que la dignidad incómoda. Triste pero cómoda elección, te has dado cuenta ya, Miguel, que muchas personas parecen preferir creerse sus mentiras antes que cambian de opinión, prefieren la comodidad de la injusticia antes de airear las vergüenzas en pos de una necesaria limpieza moral.

Bueno, Miguel, lo importante es que participes, que votes, cualquier decisión tuya es importante aunque la mantengas en secreto, y es importante porque personas como tú pueden cambiar una sociedad sin el ímpetu de los ideales que forjaron a personas muy importantes en la historia de la humanidad, ideales sustituidos por moneda de cambio de favores y prebendas. Pero lo más importante es la fidelidad a tus ideas, a tu forma de ver la vida y a tus ganas de cambiar… cambiar, un verbo temido como pocos por las personas ancladas en el fango, personas, muchas veces, insolidarias y egoístas, de ideologías que parecen dispares pero que, en el fondo, tienen un objetivo común: el poder. Repito, se fiel a tus ideas pero siempre pensando en el bien común que, en muchas ocasiones, no coincidirá con tus pretensiones pero te hará ser una persona digna y honrada. Nunca permitas las dos cualidades más deleznables en una persona: la mentira y la traición, que solo merecen el desprecio tuyo porque la fidelidad es algo muy valioso y difícil de conseguir.

¿A quién debes votar?, pues la elección es exclusivamente tuya, aparte de las palabras y consejos de familiares, amigos, enemigos o tertulianos, la decisión de votar pasará por beber de todas las fuentes (que para eso tienes toda la información a tu alcance) y decidir la postura que debes adoptar ante tu primera votación porque, luego, al paso de los años, se cambia varias veces, incluso llegas a votar a las personas no a las ideas, algo tan denostado en esta sociedad tan mercantilista e insolidaria.

Te copio dos de tantas frases con sentido común que puedes encontrar en Internet, estas son de un gran estadista, del actual Presidente de Uruguay José Mujica:

 

"Abogo por una manera personal de vivir con sobriedad, porque para vivir hay que tener libertad y para tener libertad hay que tener tiempo… Entonces soy sobrio para tener tiempo, porque cuando tú compras con plata no estas comprando con plata, estas comprando con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata.”

"En política no existen las utopías, sino las cosas difíciles de realizar, pero no imposibles."

Y debes aprender la diferencia entre un político y un estadista porque, a diferencia de aquel, el estadista piensa en el futuro de los ciudadanos, de su país, y al político solo le interesa el presente y su futuro, no el tuyo. ¿Significa todo esto que reniego de los actuales políticos?, no, pero el sentido de la prudencia se impone sobre la confianza ciega.

Posiblemente no te haya resuelto ninguna de tus principales dudas: ¿Qué voto?, ¿a quién voto?;  solo te digo, Miguel, infórmate bien, lee de todas las fuentes, empápate de opiniones y, al final, no hagas caso a ninguna, ni siquiera todo lo que te he escrito, porque siempre he creído que las grandes ideas, los grandes logros pasan por el diálogo y la empatía con tus vecinos de sociedad civil.

Vota; tienes la capacidad más importante para cambiar, con el resto de personas, el mundo: la libertad.

 

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