.El erotismo de la desgracia.

 

La guerra, todas las guerras, es el máximo exponente del mal, ese concepto creado exclusivamente por el ser humano y aplicado en su propio beneficio o desgracia. Y en las guerras afloran todo el odio y la indignidad que nos debería avergonzar como especie civilizada. En esta fotografía, realizada en diciembre de 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial tornaba hacia una solución final, un famélico prisionero de guerra japonés es obligado a limpiar (desnudo y humillado) la cubierta del USS New Jersey. Todo ante la mirada de decenas de militares estadounidenses sabedores de su supremacía. No encuentro cara alguna que manifieste alguna comprensión, algún atisbo de piedad por tal atroz vergüenza. Más aún, con un telón en escalera de orgullosos soldados, en primer término uno agazapado graba la escena, el típico marinero “brutote” vigila, palo en mano, por si el prisionero osa rebelarse, a su lado, otro marinero de brazos cruzados casi a punto de pasar de la sorna a la risa y un frente de mandos en una absoluta variedad de actitudes de desprecio. Suerte que la inmensa mayoría de tales individuos, a estas horas, ya habrán muerto de viejos, llevándose la indignidad como seres humanos. Pero el desgraciado japonés también habrá dejado de existir sin ver una atisbo de justicia moral.

JapanesePOW

 

Una chapa hace mucho. Me refiero a una insignia, medalla, condecoración o cualquier otra distinción física que otorgue rango o importancia. Nuestro país es muy dado a las chapas y a las gorras, siempre han impuesto autoridad los antiguos bedeles de ministerios tocados de gorra y hombreras castrenses y escasa educación. Bien es cierto que muchas personas se merecen dichos honores y, además, el privilegio de lucirlos, que para eso se lo han ganado. Desconozco si el militar de medio cuerpo merece tanta chapa, quizá fue un buen hombre con sus hombres, pero la fotografía no deja de ser una pirueta no solo icónica sino de truculento destino.

Screenshot_1_2_2

 

Un auténtico decorado natural de ruinas y muerte. Escombros grises en esa mezcla tan poco atractiva, tono lejano al elegante negro o al luminoso blanco, escombros caóticos que ocultan las tumbas de la injusticia, en Siria, cuna de una de las civilizaciones más importantes de la antigüedad, zona proclive al caos y a la tragedia gracias a los esfuerzos de los países colonizadores de la santa Europa y el bendito Estados Unidos y que dejaron en herencia unas democracias falsas y atroces. Polvos grises que aun rebozarán los pequeños trozos de carne humana de niños y niñas que no pudieron ser recogidos a tiempo porque las bombas no esperan. Pero, sobre un carro también gris, aun así, el color de la vida surge iluminada por un rayo del sol de mediodía, en alguna tregua, bajo la mirada perdida del vendedor enfundado en el color azul de su jersey, color que representa la sabiduría, la confianza y la esperanza que, según dicen, es lo último que se pierde. Y la tenacidad de la gente, expresada en el paciente gesto de este vendedor de fruta esperando clientes y justicia. Pero, para mi, el más bello color que existe en esta fotografía, es el color de la piel humana… de la piel viva.

TOPSHOTS-SYRIA-CONFLICT

 

Primero hay que explicar la foto, describir a los personajes de este último acto. La mujer que yace casi agónica en la cama, tiene 92 años de edad, iluminada por esa luz intensa. El hombre que intenta cuadrar las piezas de un rompecabezas, es su hijo de 62 años, discapacitado mental, inmerso en la sombra de su futuro. La mujer falleció ese mismo día. Su adulto hijo, quizá en esos últimos instantes de vida de la única mujer que le amó hasta el final, intentaba buscar respuestas en el amasijo de las extrañas piezas del rompecabezas de su vida, quizá buscando respuesta a las preguntas que hacía tiempo le rondaban por su mente: ¿porqué él era diferente a los demás?, ¿porqué su madre ya no le podía ofrecer el amor de tantos años?, ¿cuál será el futuro de su vida?.

Amentally

 

Esta dulce mujer, posando allá por el lejano año de nuestro señor de 1920, ya intentaba ejercer sus derechos como persona capaz de todo intentando realizar una arreglo mecánico en uno de los pesados y ruidosos automóviles de entonces. O al menos eso parece. Hoy en día, en los países occidentales (Europa/USA y algún otro despistado más) la igualdad en derechos de la mujer ha dado pasos de gigante con respecto a años anteriores. Si embargo subyace un capa de machismo "tocahuevos" de difícil erradicación. Y digo "tocahuevos" porque los machos actuales, en vez de lidiar con semejantes “brutotes” en batallas y duelos, cazar terribles fieras a pecho descubierto o alardear de poder y esclavos en foros públicos, se dedican a tocarse la entrepierna o presumir de gónadas cuando se suscita la descripción de una fémina o las proezas sexuales no probadas. No es algo general, sería injusto, pero el machismo sigue vigente y muy extendido; ¿se puede luchar contra los genes?. Por cierto, la provocativa chica de la foto solo fue modelo de una serie de postales eróticas de la época. Algo es algo.

Screenshot_1_2

 

·Fotografías bajo licencia. Texto bajo licencia Creative Commons y Safe Creative.