.Diferentes diferencias.

El tiempo cambia las cosas. Y a las personas. Y los hábitos, prioridades, estados de ánimo, preferencias, modas… cambia incluso la belleza, no a peor, a diferente forma de percibirla. Cambia las relaciones entre las personas, su forma de comunicarse, la esencia de amarse y el afán por odiarse, la forma de enseñar y la actitud de aprender, la tarea de curar con eficacia, la manera de gastar más dinero en actitudes absurdas y cosas inservibles, modifica el hábito tan arraigado en nosotros de matar mejor y más rápido, incluso cambia las creencias algo que, por procedencia divina, nunca debería variar en su esencia.

Y muchas veces no nos damos cuenta de esos cambios hasta que nos falta un ser querido o cae en tus manos una fotografía de tiempos pasados, quizá más duros, pero sin duda menos maquillados que los actuales. Incluso el tiempo cambia las ideas y, lo que es peor, los ideales, y no para bien. Y echo la culpa al tiempo (pobrecita dimensión) porque algo debe ser chivo expiatorio de esa cobarde costumbre de no aceptar nuestra responsabilidad en los cambios. Y, a veces, en países supuestamente avanzados en lo social, en lo legal, en lo ideológico, cambian las libertades y los derechos, pero a peor. Y todo cambio supone sin remedio una comparación temporal sujeta a crítica y a veces a burla, este es uno de tantos demonios que como seres humanos criamos en nuestro más negro interior.

 

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La Sagrada Familia de Barcelona allá por el año 1915, a medio construir (como ahora), rodeada de cabras (catalanas) y con escasas perspectivas de un futuro urbanizable. Me imagino al genial Gaudí acudiendo fiel en alpargatas a supervisar la ingente tarea de crear esa suerte de catedral de estilo alienígena en unos años previos al debacle de la razón y el diálogo, años próximos al horror de dos inútiles guerras mundiales. La basílica a día de hoy, a medio construir (aún), rodeada de ciudadanos, turistas y guiris (que no son lo mismo) y de un urbanismo feroz aunque más humano que en otras grandes urbes. Hemos ganado terreno al barro y a la piedra, hemos perdido ilusión por la aventura y los traidores empellones de una cabra.

 

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Miss América circa 1933. Miss América 2013. Aparte del reglamentario Photoshop, es evidente que la cosa estética ha cambiado, como siempre lo ha hecho a lo largo de la historia de la belleza humana. Centrándome en la belleza femenina, y después de pasar por velludas Habilis de anchas caderas, rotundas griegas de sutil aritmética, suculentas romanas aficionadas a sudorosos gladiadores, escuetas Ming´s sujetas a continuas torturas estéticas, elegantes imitadoras de las Médici´s girls, carnosas heroínas de Rubens donde uno podía sucumbir en sublime asfixia o exuberantes tahitianas de firmes pechos que pudo catar el Capitán Cook como buen marino, el ideal femenino de belleza ha variado cual péndulo de Foucault regido no por leyes físicas, sino por caprichos de los peludos caballeros, que mucho tienen que ocultar bajo sus tripas y papadas.

 

PicMonkey CollageLa maravillosa naturalista Jane Goodall en Tanzania (en 1964, foto de Hugo Van Lawick); sentó las bases del mejor conocimiento etológico de nuestros primos los simios y extendió la necesidad de una eficaz e inteligente protección del medio natural, sede y principio de nuestro bienestar. La eterna e incombustible Isabel II del Reino Unido, que dice ser Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Soberana de los Reinos de la Mancomunidad de Naciones. La intención, estilo y “acting” de cada una de ellas contrasta con fuerza: mientras una apenas roza la mano del animal mostrando respeto y humildad, en espera que sea la “bestia” la que establezca la comunicación y respetando su natural proceder, la otra promueve una actitud, qué menos, de servilismo por esa parte de esa humanidad que les va el rollo feudal, la Reina inclina la testa levemente porque es el único gesto permitido y, eso sí, recibe, siempre recibe la pleitesía y los presentes de los súbditos. El Genial pintor Miguel Ángel hubiese preferido plasmar a Goodall en la Capilla Sixtina en tan sublime actitud para con la creación, que para eso es más atractiva que el barbudo Dios representado y que para eso la mujer es origen de toda vida humana… pero eran otros tiempos…

 

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USA, Oregon, agosto de 1939, el desempleado nº 535-07-5248 (número tatuado en el brazo) y su esposa son fotografiados por Dorothea Lange en una famosa fotografía en plena crisis americana. A la derecha, año 2013, un día cualquiera en una gran ciudad de lo que en otro tiempo fue la próspera y enladrillada España; ahora jóvenes (y no tanto) buscan comida en los restos tirados a la basura por algún restaurante o supermercado. Siendo malo, muy malo, se me antoja en la primera fotografía un plus “nosequé” de glamour a pesar de la extrema pobreza y abandono por parte del estado yanqui en la Gran Depresión. Parece que sus actores, entonces, no perdían las formas del estilo y la dignidad. Hoy en día, en nuestro país, gente con exceso de peso y déficit de cultura se apropia de las terribles filas eternas en la oficinas del paro y de las más altas cúpulas empresariales dónde las subidas de sueldo resultan casi de excomunión, nada de glamour, chándal de unos y otros; nos quejamos de crisis, pero esta es una crisis de excesos promovidos y financiados por todos nosotros. Siempre he sostenido que nuestra basura tiene mucha mejor calidad que la basura de un país tercermundista. 

 

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¡Jopeee con la señora de la izquierda!… traje regional, playeras, rebeca y AK-47 con cargador largo y correa a juego; es una integrante de las patrullas civiles que luchan contra el cartel de la droga que le corresponde en su distrito, que para eso cada provincia tiene su propio cartel. La señora de la derecha (nunca mejor dicho) lleva suficientes valores encima (incluida bragas e implantes) como para que una humilde familia mexicana de Chiapas pueda sobrevivir muchos y muchos días con guacamole, chapulines y enchiladas. La evolución natural es un proceso que nos puede parecer muchas veces cruel, pero esto es solo una apreciación subjetiva. A la evolución, como a cualquier otro proceso natural, no se le pueden adherir adjetivos creados por la mente humana a lo largo de miles de años. Pero la evolución social, sí se me antoja injusta, cruel y “discapacitante”; depende dónde nazcas, profesas una u otra religión, tendrás mejores o peores oportunidades para medrar o, simplemente, serás un desgraciado. Curioso monstruo alimentado por la mente de algunos seres humanos.

 

·Fotografías bajo licencia propia de cada autor o medio. Texto bajo licencia Creative Commons·