.Del Pachá de Ibiza a la Movida del Penta.

 

Screenshot (3)Pues uno, que se encuentra nostálgico. Pillo dos dedos (en horizontal) de mi Laphroaig de 18 tiernos y muy legales añitos al que desde hace meses no le hacía demasiado caso. Contento se puso al tener turno para destruir varias neuronas como toda “Agua de fuego” que se precie debe hacer. Y, lo sabía, las neuronas supervivientes montaron en cólera por el óbito de sus hermanas de serotonina y acabaron montando una fiesta campera. Mejor dicho, los años no perdonan y aquéllas neuronas que atesoran los más queridos recuerdos, tienden a gritar (desde lo más profundo del coco): ¡Ehhh, que aún tenemos vida!. Y las escucho, primero por educación, segundo porque son sólo mías y tercero, porque nos podrán quitar el estado del bienestar, las casas, el dinero, los peluches de la infancia, quizá el futuro imaginado, quizá los ideales… pero nunca nos quitarán los recuerdos, nuestra memoria personal de lo bueno y lo menos bueno de nuestras vidas. Me ha quedado de película.

Y me doy cuenta que los años tampoco perdonan a mis héroes, musas y troyanas del tránsito entre la tontuna adolescente de sábanas con olor a Colón y la odisea transicionista con sabor a sangre derramada. Me lío yo mismo porque las neuronas, cuando se ponen a cuchichear, hay que tenerlas mucho respeto, emprenden un ataque sin permiso del portador, y me lío porque no quiero poner orden en el aluvión y catarata de recuerdos que surgen del interior de mi vida.

Cuando uno tenía culo prieto post-mili, oteaba un gran horizonte de esperanzas y tortazos que servirían (dicen) para encauzar tu vida, sentar la cabeza, formar familia, encadenar hipoteca, hacer felices a los mecánicos y llegar con sensata cordura al proctólogo (sin desearlo, claro); y se abalanzan sin orden ni permiso decenas de canciones que formaron a toda una generación de idealistas, sí, aquellos locos incólumes llenos de proyectos casi universales (es decir, utópicos) al ritmo de los pequeños muñones de Bob Dylan, la bestial ternura encubierta de Joan Baez o los cuelgues emocionales de Tangerine Dream o Pink Floid, y que empleaban las notas para exprimir nuestros espléndidos deseos hippies… nada que ver con los “Flower-Power” que muchos empeñan en atribuirnos.

¡¡¡Ufff!!! (de nuevo) , pues resulta que mis neuronas me han recordados tiempos algo lejanos, lugares que no recordaba haber Screenshot (2)visitado y personas que había olvidado empeñado en actualizarme vía Wi-Fi la última versión del O.S. cerebral. Resulta que estuve en temporada alta de hippies, en la Ibiza de los ´70, rebosante de chicas Ad-Lib de transparencias nada disimuladas, cuando en el mercadillo semanal de Cala Portinaix, entre el olor a patchuli/incienso/ynosequesustanciaalucinógena intentaba vender en puesto entre pinos y arena y bronces y telas tibetanas, mis logros con las cintas de cuero tan vigentes entonces, que servían tanto para un roto como para un descosido o un ahorcamiento merecido. Al calor húmedo, mis pensamientos (también húmedos) intentaban acomodar mis semi-lujuriosos 16 años sin ninguna pústula facial, a ese ambiente de libertad, buen rollito, paz, amor, pelos largos, Mándalas, colgadillos y sexo natural. Confieso que lo único que me interesaba era esto último. Paz. Luego las noches de la Ibiza de los ´70, mientras en la tele (de horroroso blanco y negro, sin gradiente alguno) se empeñaban en juntar a los Alfredo Landa con soberbias suecas (algo que nunca llegué a comprender), y yo asistía al emblemático Pachá de Ibiza, el fantástico universo de luces nada navideñas y música nada inocente, llenas de go-go´s que inspiraban más que provocaban, bailoteos trance/psico/pacharán tan sugerentes que uno tenía que retirarse a la barra cual letra L inclinada más por comodidad locomotora que por vergüenza. Y no hablo del ligar por telepatía, cosa del demonio que el Doctor Jiménez del Oso a bien tuvo enseñarnos sin saber él lo equivocado que estaba: que no existen ni fantasmas, ni espíritus, ni ovnis, ni el hombre del saco, los monstruos los tenemos a mano diestra, muy cerca. Y no contaré nada más.

Screenshot (6)Luego me tocó hacer la mili (por cojones, como les gusta a los políticos) y sufrir al gilipollas (o gilipoyas) de Tejero, cual payaso torero entrando sin llamar en el Congreso, disparó una sola bala con su Star de 9 mm porque se le encasquilló el cerrojo (ahí le quería yo ver teniendo en frente a los "Charlie" del Vietcong), mientras yo estaba con mis "se les supone" valerosos compañeros de armas montado en un T.O.A esperando órdenes del “tontolaba” indeciso del coronel de mi acuartelamiento, indeciso porque dudaba entre las suecas constitucionalistas o las beatas bajo palio. Valiente panda de memos, con pistolas cualquiera hace patria, si quieres enfrentarte al toro, sin capote ni espada, con los arrestos que ocultas tras las cachas, y si eres hombre (ser humano), mejor con la palabra y las convicciones, no con gritos de brigada vicetiple y “culogordo”. Y no digo nada más porque algún actual "ex" sangre azul, acabaría "pringaíllo" históricamente. Ele.

 

Screenshot (7)¡Ufff (otra vez)!!!, y ahora en el Madrid de la Screenshot (5)movida, espléndida época que me pillo de refilón en cambio de agujas (¿ferroviarias?), pero que llegué a catar, siiiiii. Unos días recordados con Sol de cambio, transición y mítines y atentados… y con noches de cubatas importados sin las ayudas de los Fondos de Cohesión, esas huchas que han regado de tonterías inmobiliarias la geografía de mi país… y de estrellas, unas lejanas y otras de carne llenas. El Penta y el Rock-Ola… Do you know???… pues si la respuesta es NO, NO viviste la movida, tan sólo caíste entre los LP´s de turno, las pacatas fiestas hogareñas y algún antro quizá de moda, y te dieron las diez… porque tenías que volver al nido… bueno, algo es algo. ¡Vaya subidón, querido Profesor!. Paro ya, lo prometo, déjolo así, no más, que prefiero quedarme con hambre de aquéllas vivencias que con "sed vosotros mismos", forma tonta de no evolucionar nada de nada, cual percebe jubilado intentando bailar una lambada con la ostra, tan cerrada ella por mor de no merecer, que pudrióse su virtud antes de fecha.

Esperad… otra neurona hippie:  Screenshot (8)

Que si Eva María se fué con un ramito de violetas a buscar a María Isabel cuando la Luna llena sobre París iluminaba el dulce rostro de Jeanette, la Rebelde totalmente achuchable, y te decía que no controles, por favor, no controles mi vida, que si me la pego, que sea por mi torpeza, porque no iré ni a Hawái ni a Bombay sin maquillarme en casa de Rufino escuchando cómo Antonio, si, Machado, nunca persiguió la gloria, sino quiso le siguieses por el camino, poeta era, y por ello dejó su tierra, por ti y si después de esto los amigas de tus amigos aún no te hacen caso alguno, sin problemas, déjame de verdad, déjame y no juegues más conmigo, amigo, amiga, que el otro Antonio te estará repitiendo… si pudiera olvidar… no dudaría volver a reír… porque fuimos, y somos, los mejores y las chicas de ayer, ya maduritas, remolonas en la misma cama desde que casaron, aún y siempre hermosas promesas, nunca deben pensar que el tiempo es perdido, ¿verdad Manolo?… ¡Ahhh, cómo hemos cambiado!. Siempre hay que seguir viviendo y no por ti, pequeño egoísta de fechas y viejo en principios, sino por los tuyos, a los que amas con timidez pero con nobleza y sinceridad, por los que te recuerdan alguna vez en sus sueños y pesadillas (que se jodan), por los maestros de la clase y de la vida, muchas veces espontáneos de breves encuentros en bares o taxis y que te espetan un sabio consejo sin tú pedirlo, que son muchos y buenos, pero no santos, ¿para qué?… y por los que nos han dejado, sí, por ellos quizá con más razón, porque quizá les hemos defraudado y ese es el mayor pecado, romper las esperanzas y las ilusiones que ellos pusieron en ti, tirar el tiempo que ellos gastaron con esfuerzo inmenso para encauzar tu errante tránsito; les fallaste y debes pagar por ello no fallando a los tuyos, qué menos…

…Porque hay mucha vida ahí fuera, ¡Ay mi vida!, que rollo, mejor escuchar estas estrellas, muchas se han ido, puta muerte, te llevas siempre a los Dioses cuando más los necesitamos los mortales.

Pillo el Bic Cristal para rebobinar como Dios manda (el Dios del Papa Francisco, claro) el/la cassette de esa mi época que nadie, nadie logrará quitármela porque no me dejaré, y os dejo (espero que para deleite y añoranza) algunos viajes, imaginando mundos de Yupi trabados entre la brea ahumada de mi Laphfroig que me han inspirado estas inocentes líneas y el Bourbon tan "Redneck" pero tan deseable del mejor Hemingway cuando escupió a su chica el más hermoso tortazo: "Me quieres, pero aún no lo sabes".

Pero antes de viajar, un epílogo de cine, tan necesario, tan puñetero cuando finaliza porque nos devuelve a la realidad de n mundo que debería ser más amable; y elijo ese final tan agridulce como el cerdo de los restaurantes chinos (que no es agridulce) de "Blade Runner":

 

 

Deckard llega a la azotea. Intenta saltar hasta otro edificio pero se queda corto. Se mantiene suspendido de una viga con el vacío bajo sus pies. Roy toma una paloma en su mano. Salta prodigiosamente. Observa el sufrimiento de Deckard, a punto de caer al vacío:

Roy: “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo”.

Deckard cae, pero Roy logra sujetarlo en el último momento. Le levanta en vilo y le deja sobre la azotea. Una lluvia fina empapa los diálogos hasta

     Roy: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Roy muere. Su mano libera a la paloma que sale volando hacia el cielo.

Deckard mira con una mezcla de ternura y alivio al androide muerto y piensa:

     Deckard: “No sé por qué me salvó la vida. Quizás en esos últimos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No solo su vida; la vida de todos, mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos; de dónde vengo, adónde voy, cuánto tiempo me queda. Todo lo que yo podía hacer era sentarme allí y verle morir”.

     THE END

 

Screenshot (1)VICKY    

BOMBÍN

NINO

LOS SECRETOS

NACHA

JUANITO

GITANO

BIRMETTES

CALIGARI

 

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