.Otra Música de Navidad.

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Llegada esta época tan propiciadora de buenos deseos, sinceras amistades y contundentes atracones, uno (yo mismo) intenta pasar unos días en una actitud mística imposible de conseguir viendo bikinis en pleno julio o persiguiendo mariposas en mayo. Todo el ambiente que se va creando desde casi el mes de septiembre, te aclimata para llegar con buena temperatura a estos días en sus albores paganos y ahora igual de sagrados. Frío, castañas, luces, brillos, turrones, museos, colores, canciones, besos, alegría, películas, cestas de Navidad, nieve, villancicos, cenas de empresa y música… Sí, esa sucesión de rítmicas ondas convertidas por mor de nuestra inteligencia, tradición y cultura, en puro sentimiento que excita y provoca casi interminables sensaciones muchas veces placenteras. Y llegadas estas fechas, todo cambia, hasta la música diríase que se amolda a los vaivenes que nos obliga la vida .

Y en esta faceta artística, recuerdo aquéllos villancicos de dulzor eterno e inocente letra que nos arropaban y protegían del poco justo mundo en que vivimos y, gratis, nos transportaban a mundos de infinita candidez y exagerada bondad. ¡Ahhh!, tierna época llena de color, de vida, de protección, de besos, de ilusiones, de futuro. Estas canciones de temporada siempre las recordaremos con enorme cariño como la banda sonora de aquéllos momentos donde los problemas se escondían de nuestra presencia, el mundo encendía todo su esplendor y los nuestros, la familia, y los cercanos, los amigos, adquirían una inmensa capacidad para amar y ser amados. A veces pensaba que me encontraba en una enorme y maravillosa representación, en una obra del teatro del mundo orquestada por el Dios que entonces regía mi vida. E intentaba aprovechar cada segundo, cada instante, cada acción, cada sueño con extrema intensidad en unos días de leche y polvorones sin saber que las jornadas de vino y rosas rondaban cerca de nuestras vidas.

Estos días invitan a la tranquilidad de pensamiento, a la armonía de movimientos, en ese lugar obsceno para muchos insatisfechos, pero muy necesario para los que aún somos niños, llamado Navidad. Y estoy hablando de sentimientos, buenos y sinceros, no de creencias; al fin y al cabo, en este planeta tan maravilloso conviven (más o menos) muchas formas de creer y pensar, ninguna verdadera pero todas auténticas;

Y la música ocupa un lugar fundamental a la hora de exprimir todo el néctar que nos ofrecen estos días marcados por un eslogan sublime: “Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”. Casi nada, paz… buena voluntad… hombres… de todo esto, la única mentira que arrastramos, pasa por llamar hombres, seres humanos, a muchos de nuestros semejantes. Soy de la “politicamenteincorrecta” opinión que el mal debe existir como referencia de nuestras existencias. Y lo digo porque el mal es necesario, sí, necesario para saber qué es el bien, para saber cómo actuar frente al álbum de las atrocidades que el ser humano continúa realizando por religión o política, dos actividades exclusivamente nuestras que se están pervirtiendo hasta extremos casi irreparables.

Pero, al grano, he hecho una selección de músicas muy aptas para estas fechas porque, lejos de representar religión o creencia alguna, incitan a la reflexión y nos provocan aflorar casi todo lo bueno que tenemos y muchas veces nos avergonzamos de airear. He puesto traducciones bastante cercanas al original, merece la pena seguirlas al ritmo de la música, y recomiendo escucharlas en soledad y completa tranquilidad -¡dificilillo ehhh!-, cerrar los ojos por unos instantes, no os va a ocupar mucho tiempo, merece la pena.

 

EMPATÍA

“Take Five”, de Paul Desmond, interpretada por el querido “The Dave Brubeck Quartet”. Una composición del más puro West Coast Jazz que creo Brubeck con el compás 5/4 tan arriesgado y no utilizado hasta entonces en piezas de Jazz. Una extraordinaria rítmica y desarrollo que no llegó a entender la inmensa mayoría de los amantes del Jazz y tuvo muchos detractores. Con el tiempo se ha convertido en un clásico universal, digno de viajar a las estrellas más lejanas como representante del arte musical más elevado y sensible. Fue interpretada por el cuarteto, por vez primera y en directo, en el “Village Gate Nightclub” de Nueva York en 1959. Hoy, sin duda, es una pieza de una actualidad rotunda, una de esas composiciones de juventud eterna.

 

 

DESEOS

“My Favourite Things”, canción escrita por Richard Rogers y Oscar Hammerstein II para la comedia musical estrenada en 1959 en Broadway “The Sound of Music”; nosotros la conocemos a través de una muy buena interpretación de Julie Andrews en la adaptación al cine de la misma obra, titulada en español (con muy poco acierto) “Sonrisas y lágrimas”. Los buenos deseos que en estas fiestas solemos esparcir por doquier, deberían ser como la semilla que escondes en el frío invierno, arropada por la tierra y esperas verla brotar en los albores de la próxima primavera. Deseos que deberían siempre cumplirse con nuestra ayuda, sin ella todo se queda en palabras sin contenido alguno… Pero he elegido una versión que creo más apropiada para las mentes sensibles. Sara Vaughan poseía una de las voces más impresionantes que he escuchado. La podías oír hablar unas palabras y de su garganta salía una vocecilla dulce y discreta pero, cuando comenzaba a cantar, su voz aparecía con una mezcla de ternura y majestuosidad y te envolvía aunque tú te resistieses.

Yo nunca lo hice, y me alegro.

 

El rocío en las rosas y los bigotes de los gatitos
Ollas de cobre brillantes y cálidos mitones de lana
Paquetes de papel marrón atado con cordeles
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Ponis de color crema y crujiente tarta de manzana
Timbres y campanas de trineo y escalope con tallarines
Gansos salvajes que vuelan con la luna en sus alas
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Niñas vestidas de blanco con fajas de raso azul
Los copos de nieve que se me quedan en la nariz y las pestañas
Los inviernos blancos y plateados que se derriten en primavera
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Cuando el perro muerde, cuando la abeja pica,
Cuando me siento triste,
Simplemente recuerdo
mis cosas favoritas
¡Y entonces me siento mejor!
El rocío en las rosas y los bigotes de los gatitos
Ollas de cobre brillantes y cálidos mitones de lana
Paquetes de papel marrón atado con cordeles
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!”

 

BELLEZA

“Dueto de las Flores” de la ópera “Lakmé”, sublime composición de un Delibes en estado de gracia, en conexión directa con todos los dioses que rigen los destinos de los habitantes del planeta. Pocas veces la música alcanza cotas tan elevadas de belleza y pocas veces, también, provocan, en personas sensibles, un estremecimiento. Considero un buen filtro para saber a quién no le importa llorar de emoción. Estamos en una sociedad que no atesora la belleza como antes solía; continuamente me cruzo y tropiezo con personas rebosantes de vulgaridad en sus gestos u oraciones, por no decir en sus actos. Son entes capaces de disfrazar la torpeza moral entre ropaje de marca o automóviles de clase, la educación les abandonó en sus tiernas infancias.

No les envidio, les compadezco.

Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín se entrelaza a la rosa.
En la ribera florecida que sonríe a la mañana.
Deslicémonos suavemente en sus cautivadoras aguas.
Sigamos la corriente que huye.
En la onda que una mano despreocupada estremece,
Ven, ganemos la orilla donde el manantial duerme y el pájaro, el pájaro canta.
Bajo la bóveda frondosa donde el blanco jazmín,
¡ah, descendamos juntas!
Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín
se une a la rosa
En la rivera florecida que sonríe a la mañana
Ven, descendamos juntas.
Deslicémonos dulcemente por su encantador oleaje,
sigamos la corriente huidiza en la ola trémula de una mano despreocupada.
Ven, lleguemos a la orilla donde el manantial duerme y donde el pájaro, el pájaro canta.
Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín,
¡ah, descendamos/ juntas!

 

AMISTAD

“Lullaby of Birdland”, magistral canción nacida en 1952, con música de George Shearing y letra de George David Weiss. El título hace referencia al maestro Charlie “Bird” Parker y al club de jazz “Birdland”. ¿Y de Amy?, ¡Uf, qué decir de la voz más prodigiosa del Soul, la voz más poderosa del Jazz (con permiso de Ella…), una escuálida y tímida chica del  Southgate londinense de voz rotunda y aterciopelada al mismo tiempo, capaz de abofetearte dos veces y besarte una vez eterna; no era guapa, no era hermosa, no era atractiva, era Amy.

Le falló su gente, sus amigos, suele ocurrir muchas veces…

Nanas del país de las aves…
Eso es lo que siempre oigo cuando suspiras.
Nunca en mi campo de palabras,
Podría hallar maneras de revelar en una frase lo que siento.
¿Alguna vez has escuchado a dos tórtolas,
juntar los picos y arrullar cuando aman?
Ese es el tipo de música mágica,
que hacemos con nuestros labios
…cuando nos besamos.
Y hay un viejo sauce llorón,
él realmente sabe cómo llorar.
Así es como yo lloro en mi almohada
Si tienes que decirme “Adiós y hasta pronto”
Nanas del país de las aves susurro…
¡Dame un beso dulce y nos iremos!
Volando alto sobre el país de las aves.
Arriba, por encima del cielo…
Todo porque estamos enamorados!

 

ESPERANZA

“What a Wonderfull World”, canción escrita por Bob Thiele y George David Weiss, estrenada por Louis. Sí, Louis, a secas. Nadie ha logrado transmitir un sentimiento de esperanza en el futuro como él lo hace en esta sublime melodía. No diré nada más de Louis, sobran las palabras. Hablar de esperanza, de futuro, de confianza en las personas se adivina tarea difícil en los tiempos que corren. La gente es buena, solo que los malos hacen más ruido. Siempre recuerdo la acertada frase de Edmund Burke: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”.

¿Porqué nos dejan tan pronto las mejores personas?

Veo árboles verdes, Rosas rojas también.
Las veo florecer para mí y para ti.
Y pienso para mí mismo,
Que mundo maravilloso.
Veo cielos azules, y nubes blancas.
El día bendecido brillante, la noche sagrada oscura.
Y pienso para mí mismo,
Que mundo maravilloso.
Los colores del arco iris tan bonitos en el cielo,
Están también en los rostros de la gente que pasa.
Veo amigos dándose la mano diciendo cómo estás.
Realmente están diciendo te amo.
Escucho llorar a bebés, los veo crecer.
Aprenderán mucho más de lo que jamás sabré yo.
Y pienso para mí mismo,
Que mundo maravilloso.
Sí, pienso para mí mismo
Que mundo maravilloso.

Desconozco si existe algo después de nuestra obligada “Estación Términi”, ya lo veremos todos, os lo prometo. Pero creo que, exista lo que exista, si uno ha sido protector y garante del amor fraterno, ya ha cumplido con los dioses. Y si existe un más allá, un Paraíso, un Nirvana, un Edén o, simplemente, una mesa dónde reunirse para charlar y reírse de la inmensa estupidez del ser humano, seguro que Louis y Amy estarán mirando nuestras vidas como canciones llenas de intensos y contradictorios matices, seguro que ellos estarán de acuerdo conmigo…

Aquello que nos define como personas no es sólo haber hecho buenas o malas acciones, sino también aquéllas que hemos dejado de hacer.

 

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