Te cubriré de estrellas

Se despertó como siempre, a la misma hora, era de sangre madrugadora y se despertó imitando la rutina que había hecho a lo largo y ancho de su ya otoñada vida. Abrió sus cansados ojos, al mismo tiempo agradecía seguir otro día vivo y entero de cuerpo, aunque maltrecho de alma, sin recordar el porqué de tal desacuerdo. Al levantar sus pesados párpados miró al blanco techo repitiendo, como en cientos de mañanas, el mismo ritual: giró su cabeza hacia el viejo reloj despertador que su madre le regaló para llegar pronto a la escuela, signo entonces de buena y decente educación. Un reloj tan achacoso como él, pero aún ágil e implacable en marcar el tiempo gracias a las gotitas de aceite de oliva con las que, de vez en cuando, premiaba a los quejosos engranajes. El reloj retrasaba tanto como adelantaba, acertando casi siempre en la hora que la radio le solía gritar entre los manidos comentarios de tertulianos en cómoda hibernación neuronal y los anuncios de mundos mejores demasiado lejanos.

Y después de saludar como siempre a la vida, al techo y al reloj en ese orden, se giró hacia su esposa que dormitaba con cierta inquietud. Sabía que ella apenas había tenido pesadillas desde esa promesa de amor y dedicación eterna en aquella ceremonia ya muy lejana pero bien recordada con una intensidad poco común hoy en día. Siempre intentaba rememorar los días de aquel verano en un pueblo de la meseta castellana tan acostumbrado a pasar sofocos y sabañones como al buen comer y al duro esfuerzo por vivir. Allí conoció a su chica, moza inquieta en fiestas y ferias, deseosa de lucir su alegría y sensualidad aún a costa de la palmada en el culo de algún garrulo saciado de mal vino. Él fue administrativo sin voz ni voto, trabajador y honrado, cualidades que apenas le sirvieron para medrar en la empresa y sólo recibir una cesta de Navidad algo menos holgada. Ella trabajó de maestra en la escuela; enseñó a buenos niños y niñas a ser más buenos y muy cultos hombres y mujeres; muchos de ellos, los que aprovecharon la pizarra y sus cuadernos, con el tiempo tuvieron que escapar del insulso territorio en que se había convertido su país.

La conoció en el estío de un pueblo que espera impaciente (y agradece) la venida del sublime manto estelar que comienza a cubrirlo pasado el ocaso, cuando ya el calor se retira a dormir y el fresco acaricia las solanas. Empezaron a pasear su discreto amor al abrigo de los soportales colmados de ojos indiscretos en la plaza del ayuntamiento. Y , como si de una procesión poco piadosa se tratase, llegaban sin darse apenas cuenta a hallarse tumbados en el llano, entre los campos ya segados y limpios de grano, entre el picante olor del tomillo y el limpio frescor del espliego, acariciando su amor menos vigilado y más prohibido, tornando besos por encuentros. Quedábanse horas y horas mirando el cielo nocturno y hablando del futuro, jugando con sus dedos a pasarse pequeñas chinas que rebuscaban sin darse cuenta entre la templada tierra. De vez en cuando un roce discreto, un aliento más intenso o el susurro de una bella promesa. Y tras muchas noches de aquel largo verano, repitiendo la misma obra en un solo acto, en la Luna nueva de agosto, a salvo de los hombres lobo de la taberna y de las beatas de la iglesia, él pronunció casi sin darse cuenta esa frase que ella premió con un fugaz beso:

  • ¡Dios mío, cuántas hermosas estrellas!… Y tú caíste del cielo sin darme antes cuenta, ¡qué envidia me tendrán al verte a tu lado, mi amor!

El rumor de la ciudad le hizo dejar estos pensamientos. Se giró hacia su esposa y, por vez primera con cierto temor, le cosquilleó el pie para traerla desde las tinieblas de los sueños a la luz con una sonrisa. Pero algo le decía que ese despertar no iba a ser idéntico al resto; algo muy inquietante rondaba por sus pensamientos -aún dormidos- sin darse a conocer. Repasó mentalmente, mientras su pie luchaba con los sueños de su esposa, la lista de tareas para ese día: levantarse y colocarse las vértebras como sea, desayunar el crujiente pan y ese delicioso café que ella preparaba en el puchero, hacer la cama (tarea en la que él era un experto legionario), estrenar la nueva camisa que le regaló su hija para lucir sólo en buen tiempo, salir a la calle para comprar la aburrida prensa y el delicioso pan que vendían en la nueva panadería del chaflán… Lo de siempre, tareas gemelas desde que le licenciaron en su trabajo de años de fidelidad y paciencia con un horroroso trofeo al “empleado más antiguo y fiel”. Su esposa se licenció poco después de haber entregado toda su sabiduría y paciencia enseñando a niños y niñas de toda calaña; hizo lo que pudo con ellos, pero la selección natural es implacable, sobrevivieron unos pocos. Aunque se llevó el recuerdo de las decenas de sonrisas de gratitud que sus alumnos le regalaron en su último día lectivo.
“Hola” le dijo ella con voz cansada, él contestó con otro “hola” algo más entonado, pero con similar tristeza. Atrás quedaron las noches de buenos deseos y las madrugadas de palabras tiernas; ahora parecía que el carnívoro tedio de la gran ciudad les había impuesto cercenar no solo su vocabulario sino, terrible realidad, sus sentimientos. Ni una mirada, ni un roce, ni un beso, ni un lamento, ya todo parecía perdido… Ella se vistió con cierta presteza, algo impropio de toda mujer que se precie hermosa y coqueta. Y ya despiertos y levantados, comenzaron en silencio a repartirse las tareas diarias; él pensó en su diario quehacer mientras seguía sin saber el porqué de tanto desamor, de tanta desazón, de tanto desconsuelo. Hasta que, regresando de la cocina con el pan tostado y el café caliente, su mirada se fijó fugazmente en unos papeles dejados sin orden sobre la mesa del salón. No detuvo la mirada ni tampoco el paso, ni lo quiso hacer, pero juró haber visto terribles palabras escritas… “separación, sentencia, divorcio”, dolor en esencia.

Se acomodó en su silla preferida cerca de la ventana, no para ver el horrendo paisaje de grises y sucios edificios festoneados por el tránsito salvaje de coches y personas anónimas, sino porque el Sol entraba ya con puntual fuerza e iluminaba el dorado aceite que resbalaba por el pan pareciendo esconderse del intenso resplandor. El primer sorbo de café le devolvió a esa vigilia llamada realidad que, en ocasiones, parece más una pesadilla. “Separación, sentencia, divorcio” volvieron a surgir las insensatas palabras y recordó el porqué de tanto desamor.

Ese mismo día tenían cita con el notario de aquel pueblo que les despidió con miles de blancos pétalos de rosa y canciones de alegría. Allí, frente a tan ilustre testigo de hechos legales, rasgarían para siempre años de arrullos, de abrazos, de besos.

Casi no desayunaron, para qué alimentarse cuando el fin está cerca, casi no se miraron, para qué ya tan sutil necesidad, más cuando en la bonanza se alimentaban el uno del otro sin cobrarse ningún impuesto. Bajaron a la calle sin cruzar palabra alguna, no había mucho que decir. Él tenía cierta esperanza en que el coche tuviera sus propios achaques y se negase a prestar el servicio requerido, pero lo cuidaba demasiado bien y arrancó a la primera, como siempre. Ella se acomodó a su derecha, apoyó su cabeza en el respaldo del asiento, girándola hacia el gris paisaje y (dicen las crónicas) se pudo haber escuchado un leve gemido ahogado por el ruido del motor.
No tardaron mucho en llegar a la carretera secundaria que atravesaba el llano; los campos de cereales esperaban ya las nuevas semillas. Salir de la autovía y entrar en esa estrecha carretera era pasar de un mundo opaco y cansado de la vida… al vigor de la juventud compartida cuando ese hermano pequeño del amor llamado enamoramiento, se torna en irresistible sensación tendente a aparecer a la vuelta de cualquier esquina y, sin avisar, darte de bruces con su carita gorda de angelote renacentista. Pero ninguno de ellos sentía ya ese dulce efecto.

La carretera se dibujaba como una recta perfecta sólo traicionada por alguna suave curva que rompía algo la ausencia de palabras. Al salir de una de ellas, unos pequeños pajaritos atravesaron volando la calzada asustados por el ruido y cruzaron con increíble rapidez por delante del automóvil. Esto hizo que él desviase la vista para seguirlos durante unos instantes. Siempre fue un extraordinario aficionado a la naturaleza y ella su más fiel seguidora. Algo ocurrió al desviar su mirada que le hizo parar el vehículo con decisión, bien pegado al arcén de la carretera. Ella se sobresaltó y quebró su silencio con cierto susto

  • ¿Por qué te has detenido?, ¿te encuentras bien?
  • Mujer -le respondió- ni tú ni yo estamos bien, y sabes el porqué. Pero antes de llegar al pueblo quiero que me acompañes a un lugar .

Ella se sintió confusa pero muy interesada; su esposo siempre intentaba sorprenderla y siempre lo conseguía; y guardó de nuevo silencio.

Salieron del automóvil y él le tendió su mano para guiarla a tan misterioso lugar. Ella receló un poco al principio, pero aceptó su mano y, cruzando la carretera, siguieron el imaginario rastro aéreo que los pajaritos habían dejado. Y entre las piedras y la maleza pronto llegaron a un pequeño bosque entre los sembrados.

Allí estaba, imponente ser, la vieja encina, sobre las demás, astuta criatura superviviente al fuego del rayo y la ira del leñador. Soltó su mano y giró entorno a su grueso y arrugado tronco buscando la solana, ese territorio a salvo de musgos y helechos. Y encontró la promesa. El árbol había guardado con mimo los signos grabados por ellos en aquel lejano verano. En un pequeño claro de su corteza, en lisa y brillante madera, punteados por los juguetones rayos del Sol huyendo entre las hojas, volvieron a ver con asombro sus nombres escritos sobre el fondo de estrellas que tallaron con esfuerzo los dos enamorados; sus nombres como dos corazones errantes pero juntos en el firmamento.

Y se quedaron mirando su promesa, como un sublime recuerdo enmarcado y protegido por la dura leña de la encina; así fue durante largos minutos hasta que el breve canto de uno de los pajaritos les hizo mirarse a los ojos; ella ladeo su cabeza y se mordió con delicadeza un pedacito del labio inferior y dicen que a él se le escuchó un suspiro que aventó cualquier miedo alquilado. No necesitaban decirse palabra alguna, tan solo tumbarse al abrigo del árbol, como antaño, juntar sus manos de nuevo, fundir sus corazones y esperar ver las estrellas…

Sonó con inusitado estruendo el viejo despertador; él abrió los ojos con susto y allí estaba el blanco techo, de nuevo; ni una estrella, ni un cometa, ni el negro del firmamento, ni la encina. Todo había sido un hermoso sueño. Su esposa se despertó también asustada y le preguntó qué le ocurría, si había tenido una pesadilla. Pero él no le contestó; sentado durante unos segundos sobre la cama, esa cama testigo de tanto amor, miraba hacia el salón con los ojos prendados del olor de la soledad cercana que promulgaban esos papeles y con las lágrimas luchando por salir de su prisión. Se levantó rápido; descalzo y nervioso se dirigió hacia la mesa del salón iluminada por la intensa luz de su fiel Sol. Se mantuvo de pie bien firme junto al páramo de la mesa, observando los serios papeles que contenían esas palabras que solo deberían aparecer en los crucigramas: “separación, sentencia, divorcio… “. Y pensó que nunca supo de tantas mentiras escritas, de tantas falsedades impresas en papel, de tantas equivocaciones no resueltas.

Sintió cómo su esposa salía presurosa del dormitorio y no lo pensó dos veces, por qué pensarlo, por qué traicionar los años de venturas, de generosidad y entrega, por qué hacerlo, por qué olvidar todo lo amargo que pasaron juntos si lo sublime del amor que compartieron y se donaron el uno al otro superaba cualquier tropiezo. Todo tiene un valor si se comparte, todo tiene un buen fin si este es sincero y proviene del corazón.

Asustada y con cierto temor, le preguntó: “¿Qué te ocurre? “. Él se giró, sus manos agarraban con fuerza esos papeles malditos y errados. Y ella, de nuevo, pero con la suavidad de los primeros besos de sus hijos le repitió la pregunta:

  • ¿Qué te ocurre, cariño?, si te encuentras mal no nos vamos al pueblo.
  • No, vámonos lo antes posible, no perdamos más el tiempo.

Dijo mientras rompía en mil pedazos los papeles, cayendo estos al suelo con la misma elegancia de aquéllos lejanos mil pétalos blancos.

Y acercándose a ella, cogió sus manos con la misma fuerza de aquél mozo, la miró a sus ojos con la misma intensidad de aquellos días, tornó sus labios en una dulce sonrisa, liberó a sus lágrimas del cautiverio y le susurró bajito al oído:

  • Ven mi luz, que nos esperan tus hermanas, las estrellas.

Copyright © Antonio Grañena Marín.
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Madre e hijo.

Por Antonio Grañena Marín, 24/12/2019, Tránsitos entre ideas

El frío invierno rasgaba con antelación las calles de la gran ciudad. En tiempos pasados, de luchas fratricidas y hambre excelso, en esas mismas calles entonces embarradas de sangre, se tornó la esperanza de miles y miles de buenas gentes en desdicha imborrable. Pero esto ocurrió hace ya muchos ocasos, parto concluido de esa guerra civil obligatoria en todo pueblo que se precie. Tiempo lleno de muerte que pone a prueba lealtades y principios.

Desde entonces, la cafetería permanecía casi inalterable en su aspecto: una fachada de gris y dura piedra guardaba un mágico y cálido espacio interior repleto de luz tenue y gentes amables que deseaban olvidar (aun por unos momentos) la contienda pasada. El aire prendado del olor a café recién molido, a mantequilla fresca, al aroma de los pasteles y el chocolate. Y los camareros, turnando sus vidas al servicio de sus golosos y fieles clientes, intentando hacer el mínimo ruido al depositar las espléndidas tazas de porcelana sobre las mesas de mármol.

Una mujer, de tenue apariencia, cruzó el rellano de la puerta puntualmente, como siempre lo había estado haciendo durante incontables años. Bien apañada de ropas y suave lucida de pinturas femeninas, coqueta reminiscencia de su agitada juventud entre los machos primitivos y las hembras machistas que la educaron para ser buena chica, confesa de pecados, amante de su casa y esclava de todo señor bien tocado de entrepierna.

Más, no por llevar tan leves vestimentas y sutil adorno, fue nunca motivo de chanza o bufa, al contrario, nació con esa elegancia propia de los seres tocados por los dioses… o por el dios de turno. Mantenía cierto olor a juventud a pesar de sus muchos años no aparentados; nadie sabía su edad y nadie osó indagar en ello, porque era un principio y regla no escrita, algo que todo hombre y caballero no debería saber nunca.

El libro de su vida, en las páginas iniciales, sitúa su venida al mundo en un pequeño pueblo de la meseta norte, en la bella península ibérica, crisol, cuna y prostíbulo de tantos y tan diferentes pueblos que, sin desdeñar su historia, se aprovecharon bien de sus riquezas. Fue entonces, pueblo tranquilo, de bien avenidos vecinos y muchos niños y niñas correteando por sus calles y las tierras porque, aparte del amor primitivo, se necesitaban futuras manos para ganarse los cuartos y comer algo caliente.

La vida en el pueblo discurría como siempre lo había hecho, casi sin reposo, al cobijo de otros núcleos más importantes que se disputaban las fértiles riberas del aquel río que nutría tierras y almas por igual. Y como en todo pueblo de principios de siglo, entre las siembras del invierno y la primavera y las esperadas cosechas del verano y otoño, entre fiesta y feria, los habitantes podían dar rienda suelta a las alegrías y placeres cautivos el resto del año por el quehacer diario y la campana de la única iglesia.

En una de esas fiestas, quizá de virgen o quizá de santo, al ritmo de ese pasodoble que habla de añoranzas y anhelos, ella conoció a un gentil mozo, guapo y espigado, de buena cuna, de esas cunas de bronce y organdí, puntillas ocres, blancas sábanas y talco veneciano. Ella también tuvo cuna, pero menor, de madera de fuerte olivo, algo áspera, pero gozó de sabanitas de suave algodón perfumadas por las manzanas que su madre acostumbraba guardar entre los pliegues, en el único armario; paños heredados con amor para apresar la tersa suavidad que todo bebé expone al mundo hasta que se hace mozo o moza. Su inicial amistad fue más allá de lo permitido por la rígida y absurda moral imperante desde que el humanismo de la Grecia Clásica sucumbió al sometimiento religioso. Los estrenados amantes buscaban atusar sus amores entre la mirada altiva de los álamos del río y la soledad de la ruinosa paridera del otero; tan sólo con las fugaces amapolas como testigos de sus escarceos de cuerpos vírgenes. Y como la naturaleza no avisa y va a lo suyo, les convirtió en feliz madre a ella y en asustado padre a él.

Claro, todo ello sin el permiso de la iglesia, más empeñada en ocultar bajo palio sagrado a dictadores culones que santificar cualquier vida nacida del amor.

Las mujeres no pueden ocultar mucho ese tiempo de sublime y costosa creación… al final se les nota. Y los hombres tampoco, también se les nota: en la cara de susto que portan. Los padres del mozo eran “gente de principios”, algo que equivale a “no me importa tu opinión, tú vas a hacer lo que yo te diga”. Y así el padre al enterarse de la feliz noticia, en vez de romper a llorar de alegría, rompió varios jarrones (muy inútiles, hay que decirlo), un espejo (empeñado siempre en resaltar las arrugas) y el botijo (que siempre se había creído a salvo por su esencial función).

Y mientras la madre del mozo, se soltó la peineta y comenzó a gemir desconsolada santiguando a todas las figuritas sacras y escapularios que encontraba a su paso. Los padres de ella se miraron a los ojos y engordaron sus carrillos, a lo hecho… Bien es cierto que estas cosas tan naturales y de tan escasa planificación, en una sociedad en la que cuentan más los comadreos y las falsas apariencias que la felicidad, provocaban enormes tragedias que dejaban a los autores clásicos griegos en guionistas de vodevil portuario.

La embarazada y el embarazador se querían con locura, pero no habían pasado por el juicio moral de los padres ni por el altar de su religión. Lo primero, quizá, era más grave. Los padres de ella no pudieron hacer nada, tan solo pedir perdón por lo que había hecho su hija…  Toda la culpa se la llevó la chica, la tentadora hembra, la lujuriosa Eva, la sirena a cuyos pechos sucumbían hasta los ciegos ebrios por el dulce olor que exhalaban. El mozo hizo lo que pudo, ya tenía bastante con soportar los lloros histéricos de su madre y los gritos de su padre; y eso que intentó convencer a todos del sincero amor que se profesaban. Y así transcurrieron los meses reglamentarios de procreación entre el silencio de todos y los amplios vestidos para ocultar el hecho.

Llegado el día, ella parió lejos, en la capital, a salvo de miradas y malos comentarios. Sin embargo, lo peor estaba por venir; los ya cuatro abuelos oficiales decidieron proteger el honor y la decencia y, de común acuerdo, el bebé acabó en la familia pudiente, mientras la recién estrenada madre se quedaba en un mismo acto sin mozo y sin hijo.

El pueblo tuvo la mala suerte geográfica de caer entre los dos bandos de la guerra civil: en un barranco se formaban las barricadas de unos y en el cercano páramo la artillería de los otros. Y ellos en medio, sin saber a quién hacer la pelota para salvar el pellejo, con un miedo atroz y. La guerra, aparte de muerte, siembra el rencor y el odio y promociona el olvido de las buenas cosas y así, las penurias posteriores al conflicto cerraron la inmensa herida que ella, la mujer, llevo con la mayor dignidad externa, pero con una inmensa tristeza. Nunca la dejaron ver a su hijo. Y decidió poner tierra, mucha tierra, de por medio.

Años después, ella supo que su buen mozo murió en una trinchera porque su cabeza se interpuso en la bala de un francotirador cuando intentaba ayudar a un compañero acribillado por la metralla de una mina. También supo que los padres del mozo habían elegido el bando correcto y emigraron a la gran capital del nuevo imperio establecido.

Ella casi siempre sentaba su humildad y virtud en una escueta pero cómoda silla de madera junto a una pequeña mesa de tablero de mármol blanco y pesado pie de hierro. Pedía lo mismo, esa merienda negada en sus años mozos por mor del cruel racionamiento, una taza de espeso chocolate y esos finos y sabrosos tejeringos que elevaban plegarias al altísimo al sumergirse con fervor en el líquido cacao.

Desde hace muchos años le atiende el encargado de la vetusta cafetería, un hombre casi 17 años más joven que ella, alto, muy elegante, educado en maneras y culto en formas. Le conoce desde que él empezó como mozo abriendo puertas, barriendo los suelos, fregando y cargando pesadas cajas de loza y sabrosas bandejas de pasteles en mil colores tocados. Luego el mozo medró en muchacho al caluroso puesto de ayudante de horno, engrosando algo su fibroso cuerpo al ser tentado por la musa del dulce escondida entre las vitrinas llenas de botes de vainilla y canela, semillas de anís y ajonjolí y terrones de mantequilla y nata.

Más adelante, y dado el constante trabajo y la buena educación del chaval, entró a formar parte de la plantilla de camareros, eso sí, como ayudante de sala. Fue una época de intenso trabajo, aprendiendo a tratar clientes, a chapurrear algunos idiomas y aguantar impertinentes bocas de ambos sexos. Pero nunca perdió su elegancia, compostura y educación. Por esto mismo, a los cuatro años de buen hacer, ascendió al muy honroso puesto de camarero, pudiendo engalanar su porte con los galones del uniforme oficial de la cafetería: una blanquísima y ajustada chaquetilla con dorados botones y coronada por una grácil pajarita, pantalón negro de raya matemática y zapatos que servían de espejo para cuando el trasiego de las meriendas les despeinaba sin darse cuenta, zapatos nuevos que, por autoridad, cantaban un taconeo al caminar.

Ella recordaba con una inmensa alegría y asombro, aquella tarde que le vio por vez primera, portando tan insigne uniforme. Al cabo de los años, aquel chico apuesto y elegante, progresó con la discreción y empeño necesarios y consiguió el respeto de sus compañeros, de los clientes y de su jefe, en ese orden. Las bambas con nata, cruasanes, suizos, merengues y milhojas se disputaban su mirada deseando ser pronta merienda de golosa dama o gentil anciano. Pero el día más hermoso que ella puede recordar después de tantas y tantas tardes de visitas, fue cuando ese espigado y elegante camarero, ya casi convertido en breve filósofo de tertulias y secreto confesor de los clientes más fieles, obtuvo la plena confianza del dueño de la cafetería (postrado en cama por la edad, el duro trabajo y los miles de carajillos consumidos) y le nombró encargado supremo de clientes, bollos, personal y dineros, en ese orden.

Siempre existió una especial relación entre el recién encargado de la cafetería y la mujer de esta historia, relación diferente al del resto de los clientes, de respeto y cordialidad por parte de él, de afecto y ternura oculta por parte de ella. Los años de amabilidad recíproca la convirtieron en la clienta más apreciada por todo el personal. Pero la puntual asistencia a la cafetería, a veces hasta cuatro veces por semana, guardaba un triste secreto encerrado en una bella caja.

El azar había querido llevar a la mujer desde el poblacho que la vio nacer hasta la capital, gracias al esfuerzo y sacrificio que sus padres hicieron durante toda su vida para que su culta, elegante y sensible hija pudiese encontrar un horizonte más luminoso después de la acaecida desdicha. Habían ahorrado el suficiente dinero para que pudiese labrarse un futuro lejos de las vacías trincheras que aún parecían humear. En la ciudad consiguió un puesto de dependienta en la joyería más selecta de todas, puesto que conservó hasta su temprana jubilación. La citada joyería se encontraba a escasos minutos de la cafetería. Y fue un día lluvioso de invierno cuando entró por vez primera y vio al entonces mozo, sintiendo un escalofrío que atravesó todos y cada uno de sus recuerdos. Desde entonces se interesó por aquel mozo con pinta de galán. Supo que sus abuelos vivieron en un pueblo de la meseta norte española, que su padre murió en la guerra y fue un héroe, que su madre desapareció en las sombras surgidas de la injusticia, que el olor que más le agradaba era el de las frescas manzanas… y así ella iba escribiendo cada tarde de merienda, el libro de la vida de aquel, por entonces, atento chaval. 

Al cabo de los años, al cabo de cientos de tazas de chocolate y miles de churros, el zagal elegante se transformó en señor y responsable de la poblada cafetería. Y una fría tarde cercana a la Navidad, cuando por la radio se escuchaba un villancico, ella como siempre entró con la ilusión del primer día y la dulce sonrisa que heredó de su madre, y esperó sentada a que el elegante encargado (que sólo le atendía a ella en persona) se acercase:

Se le iluminó la cara y el alma cuando le veía acercarse a la mesita del rincón, perfumado sin querer por el aroma de las manzanas empleadas en la nueva exquisitez de la pastelería: tarta de manzana y nata.

-Buenas tardes, señora, la veo espléndida en este frío y triste viernes de diciembre, bienvenida de nuevo, le echaba de menos. 

-Buenas tardes Abel (ese era su nombre), eres… (rectificó al instante) es usted muy amable, como siempre. No me puedo quejar; sigo viva, que no es poco, y con mis buenos y malos recuerdos, pero muy feliz por seguir disfrutando de las buenas personas como usted.

–Mucho me alegro, señora, siempre es un placer verla de nuevo; sepa, con todo mi respeto, que ya no sólo es una fiel y querida clienta, sino que la considero casi de la familia.

La mujer levantó la mirada y esbozó una leve mueca, entre triste y alegre, y a punto estuvo de escaparse una lágrima.

-Gracias Abel, sé que usted es sincero y le agradezco de corazón sus amables palabras. Vivimos en un mundo donde las personas cada vez se desean menos venturas, y encontrar alguien que sepa escuchar y conversar en un privilegio. Estamos de paso en esta tierra y nos empeñamos en escatimar el amor al prójimo.

-Por favor Abel, hoy traigo hambre atrasado, tráigame lo de siempre.

-En un placer escucharla, siempre la recordaré así. Ni mi madre, a quién no llegue a conocer, lo hubiese dicho mejor. Permítame, señora.

Entonces Abel, atrapó con su cálida mano los dedos de la mujer, y todo junto, dedos, manos y brazo quedaron en línea con su boca y, con extrema delicadeza, cerró sus ojos con un inmenso respeto y cariño y depositó en el dorso de tan suave mano, un beso; sin decir nada más (no era necesario) se giró a preparar la comanda. 

La mujer sintió un escalofrío y, sin bajar la mano, susurró…

–Gracias… hijo mío.

El amor es maravilloso, casi tanto como la propia vida, o más, no lo sé; y produce una intensa alegría en los corazones humanos que, quizá, ni todas las poesías escritas o por escribir apenas lleguen a rasgar el velo tranquilo de este sentimiento único y necesario.

Si amas intensamente no esperes respuesta alguna, en ocasiones los demás no perciben esa dicha y si viene despistada se convertirá en el mejor de los regalos que puedas recibir en tu vida, aprovéchalo porque no te lo vas a llevar…

Después de estos compromisos no volverás a verte a ti mismo de la misma forma, son los riesgos, bellos riesgos que merece la pena correr.

Copyright © Antonio Grañena Marín. Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons y Safe Creative. Prohibida su reproducción fuera de los términos de licencia.


.En lo profundo de la noche más hermosa.

De repente un día sucede, sin darse apenas cuenta de ello; pensamientos fugaces que habían rondado su mente desde hacía algún tiempo pero a los que no dio la importancia debida. La percepción del tiempo cambia con los años; en la juventud, el tiempo es un aliado de nuestras acciones, nos acompaña y no lo distingues del resto de sensaciones intensas; en la madurez, permanece casi estable, no agobia mucho, y discurre cuán ancho y caudaloso río mientras intentas dedicarte sólo a vivir; pero en la vejez… En la vejez te sientes al borde de un precipicio viendo llegar rauda una enorme bola de nieve, intentas atar con prisas la cuerda de tu vida sabiendo que lo inevitable es eso mismo, inevitable… Hasta que la bola te alcanza.

Un día cualquiera, él entró en la habitación de su hijo, como tantas otras veces había hecho. Y un fugaz pero intenso escalofrío recorrió su cuerpo: todo había cambiado y no de repente. Sospechaba, desde hacía unos años, que esos cambios se producían sin permiso de sus padres pero con la imparable fuerza que la naturaleza otorga a la evolución. Aún así, no quiso dar consciencia a los hechos acaecidos delante suya. La estancia de su hijo ya no lucía los colores chillones y alegres de la infancia recordada, de las paredes ya no colgaban esa suerte de peluches de facciones agradables, suaves curvas, sencillas formas y olores dulces; los muñecos habían dejado de convivir en las estanterías y en su cama (revuelta constantemente por su incipiente inquietud), los multicolores libros de aventuras y ensoñaciones habían dejado paso a escritos y a formas casi anárquicas, casi agresivas; aquéllos melodiosos susurros de antaño se tornaban en sonidos rompientes y poco amigables, incluso el olorcillo tenue de aquél bebé era ya muy diferente, había dejado paso al seco, masculino e intenso aroma de la atracción química. Sus cositas, sus juguetes, sus tesoros guardados en cajas sin llave alguna, su ropa de muñeco hermoso, yacían sin orden aparente en cajones. Las pertenencias utilizadas en sus hábitos diarios, parecían tristes resquicios de alegres juegos repletos de ojos asombrados y blancas risas, inocentes juegos apartados por la energía de las hormonas de una imparable naturaleza deseosa de pervivencia.

Él aún podía visionar, con esa pegajosa nostalgia del recuerdo cuando, en lo profundo de la noche, aparecía en la habitación una diminuta figura, sudorosa y temblando de miedo, un cuerpecito envuelto en un mullido pijama, y apenas vislumbraba una cara con ojos de gigante arrepentido, agarrando con fuerza su muñeco favorito después del traicionero ataque de un malvado monstruo en una traicionera pesadilla. Y aún añoraba con intensidad cómo se acurrucaba entre los dos, entre su madre y su padre, sabiéndose amado y protegido, intuyendo sueños futuros llenos de mil colores y mil amigos y mil aventuras. Y no dejaban de aparecer imágenes de los cientos de biberones que saciaron su hambre, de las dulces canciones recitadas hasta que la gravedad vencía a sus ojitos, de las esplendorosas risas traídas por insistentes cosquillas, del pequeño y tierno ramillete de deditos que podías atrapar en tu mano, de las largas conversaciones en extraños pero divertidos idiomas infantiles, de las lágrimas con sabor a mar que discurrían por redondos mofletes.

El sentido común le volvió a recordar que tuvo la inmensa tarea de educarle, de enseñarle a compartir, a respetar, a ser curioso, a dialogar, a admirar el hermoso planeta que le ha correspondido en alquiler, a vivir como bien él intentó a lo largo de su vida. Añoró de nuevo comerle a besos, abollarle a abrazos, aspirar su perfume, atusar su pelo, convertirse en un mago capaz de encender la luz del cuarto creciente de su sonrisa. A cambio, quizá, de unas últimas lágrimas de juventud en agradecimiento a tantos y tantos cariños otorgados.

Y siempre tendrá la inmensamente pesada incertidumbre de saber si habló lo suficiente con él, si le besó lo suficiente, si le enseñó lo suficiente, si le amó lo suficiente…

Y le costó entender que su hijo no es su propiedad, que es una persona independiente y que tuvo el privilegio de ser su padre o su madre, sin pedir nada a cambio. Y comprendió el sentido de su labor en tantos y tantos años de contadas pero intensas alegrías y muchas y exageradas preocupaciones: si tuviese que elegir entre cambiar todos los buenos y menos buenos momentos pasados a su lado por volver a vivir aquellos maravillosos años de su infancia, donde todo era más pequeño y más cercano, de otra dimensión, todo se veía más luminoso y el tiempo era tu aliado… Sin duda, elegiría dejar en paz sus recuerdos, guardarlos bajo la llave de la ilusión y otorgará a su hijo el mismo derecho que él tuvo gracias a sus padres: a besar, a crecer, a compartir, a aprender, a amar, a vivir con más intensidad si cabe que sus padres. Sería incapaz de condenarle a una infancia eterna tan solo por agradar a sus recuerdos.

Las indómitas canas se empeñan en recordarle todas las mañanas, a su pesar, que ya debe celebrar los otoños y no los veranos; son unas increíbles criaturas que te miran directamente a los ojos a través del sincero espejo del cuarto de baño desafiándote a teñir su descarada claridad o cercenar su longitud sabedoras de su recurrente y tenaz crecimiento. Pero, a pesar del anecdótico recordatorio, pensó que después de atravesar unas cuantas tierras y mares, la noche de los Reyes Magos es la más hermosa noche de todas.

A lo largo y ancho de nuestras vidas, hay muchas nocturnidades olvidables pero unas pocas recordables por su carácter especial: la primera vez que dormimos en casa ajena, la primera juerga nocturna acabada no se sabe en que parque o acera, el primer vivac bajo de las estrellas, el primer amor nocturno, la luna de miel, los «agradables» llantos de madrugada de tu bebé hambriento… y la primera noche de Reyes convencidos de su existencia, con los ojos tan abiertos sólo atrapados por las pestañas, nervioso como un junco en un vendaval, esperando escuchar el ruido delator del roce de la capa de uno de los tres Reyes Magos o el tropezón del camello despistado con la silla. Y preocupado por saber si los deliciosos dulces, el vasito de leche o agua, la copita de coñac… serán buenas viandas que ayuden a recuperar las fuerzas a reyes y camellos, por muy magos que éstos sean.

No deseaba expulsar de su vida esos maravillosos momentos vividos durante la infancia de sus hijos, son breves pero únicos y maravillosos, integrantes propios de una personalidad que, desgraciadamente, intentaba ocultar muchas veces a los demás cuando nos convertimos en adultos. Después de años y años aparentando la edad impresa en un papel, por una vez, deseaba volver a jugar, a reír, a gritar, cantar, bailar, besar como aquellos enanos inestables que una vez fuimos.

Pasados los años y casi borrada la ilusión por los regalos recibidos, pudo recuperarla con sus hijos, pensando en lo maravilloso que resulta ver como comparten, juegan, se pelean, construyen y destruyen, se besan, se abrazan, gritan y lloran… como hermanos que son, deseando tan sólo, si se había portado bien, que sus hijos nunca dejasen de ser hermanos.

Y cuando la noche más hermosa, su noche más querida, su noche más ansiada, toca a su fin, cuando la oscuridad se diluye en la púrpura y fría luz del amanecer del nuevo año, cuando «no se sabe quién» se ha comido los dulces y bebido el agua y el coñac, cuando los pensamientos se arremolinan en la cabeza sin orden ni concierto, cuando los preciosos y tentadores paquetes hayan escogido su sitio en el salón, cuando el único ruido sea el de nuestra agitada respiración, cuando despierte con el inmenso placer de la esperanza ante lo deseado… pensaré llegar raudo al salón de mi casa esperando encontrar el mejor de todos los regalos: mi familia.

Y siempre, en todas las noches que le resten por soñar junto a su chica, en lo más profundo y oscuro de la noche, se despertará creyendo vivir en otro tiempo, esperará ver aparecer por la puerta de la habitación la diminuta figura y los inmensos ojos de su hijo y le reservará junto a su madre, por si acaso, un hueco entre los dos que aunque parezca vacío, estará lleno de amor.

Copyright © Antonio Grañena Marín
Texto bajo licencia Creative Commons y Safe Creative.


.Del Pachá de Ibiza a la Movida del Penta.

 

Screenshot (3)Pues uno, que se encuentra nostálgico. Pillo dos dedos (en horizontal) de mi Laphroaig de 18 tiernos y muy legales añitos al que desde hace meses no le hacía demasiado caso. Contento se puso al tener turno para destruir varias neuronas como toda “Agua de fuego” que se precie debe hacer. Y, lo sabía, las neuronas supervivientes montaron en cólera por el óbito de sus hermanas de serotonina y acabaron montando una fiesta campera. Mejor dicho, los años no perdonan y aquéllas neuronas que atesoran los más queridos recuerdos, tienden a gritar (desde lo más profundo del coco): ¡Ehhh, que aún tenemos vida!. Y las escucho, primero por educación, segundo porque son sólo mías y tercero, porque nos podrán quitar el estado del bienestar, las casas, el dinero, los peluches de la infancia, quizá el futuro imaginado, quizá los ideales… pero nunca nos quitarán los recuerdos, nuestra memoria personal de lo bueno y lo menos bueno de nuestras vidas. Me ha quedado de película.

Y me doy cuenta que los años tampoco perdonan a mis héroes, musas y troyanas del tránsito entre la tontuna adolescente de sábanas con olor a Colón y la odisea transicionista con sabor a sangre derramada. Me lío yo mismo porque las neuronas, cuando se ponen a cuchichear, hay que tenerlas mucho respeto, emprenden un ataque sin permiso del portador, y me lío porque no quiero poner orden en el aluvión y catarata de recuerdos que surgen del interior de mi vida.

Cuando uno tenía culo prieto post-mili, oteaba un gran horizonte de esperanzas y tortazos que servirían (dicen) para encauzar tu vida, sentar la cabeza, formar familia, encadenar hipoteca, hacer felices a los mecánicos y llegar con sensata cordura al proctólogo (sin desearlo, claro); y se abalanzan sin orden ni permiso decenas de canciones que formaron a toda una generación de idealistas, sí, aquellos locos incólumes llenos de proyectos casi universales (es decir, utópicos) al ritmo de los pequeños muñones de Bob Dylan, la bestial ternura encubierta de Joan Baez o los cuelgues emocionales de Tangerine Dream o Pink Floid, y que empleaban las notas para exprimir nuestros espléndidos deseos hippies… nada que ver con los “Flower-Power” que muchos empeñan en atribuirnos.

¡¡¡Ufff!!! (de nuevo) , pues resulta que mis neuronas me han recordados tiempos algo lejanos, lugares que no recordaba haber Screenshot (2)visitado y personas que había olvidado empeñado en actualizarme vía Wi-Fi la última versión del O.S. cerebral. Resulta que estuve en temporada alta de hippies, en la Ibiza de los ´70, rebosante de chicas Ad-Lib de transparencias nada disimuladas, cuando en el mercadillo semanal de Cala Portinaix, entre el olor a patchuli/incienso/ynosequesustanciaalucinógena intentaba vender en puesto entre pinos y arena y bronces y telas tibetanas, mis logros con las cintas de cuero tan vigentes entonces, que servían tanto para un roto como para un descosido o un ahorcamiento merecido. Al calor húmedo, mis pensamientos (también húmedos) intentaban acomodar mis semi-lujuriosos 16 años sin ninguna pústula facial, a ese ambiente de libertad, buen rollito, paz, amor, pelos largos, Mándalas, colgadillos y sexo natural. Confieso que lo único que me interesaba era esto último. Paz. Luego las noches de la Ibiza de los ´70, mientras en la tele (de horroroso blanco y negro, sin gradiente alguno) se empeñaban en juntar a los Alfredo Landa con soberbias suecas (algo que nunca llegué a comprender), y yo asistía al emblemático Pachá de Ibiza, el fantástico universo de luces nada navideñas y música nada inocente, llenas de go-go´s que inspiraban más que provocaban, bailoteos trance/psico/pacharán tan sugerentes que uno tenía que retirarse a la barra cual letra L inclinada más por comodidad locomotora que por vergüenza. Y no hablo del ligar por telepatía, cosa del demonio que el Doctor Jiménez del Oso a bien tuvo enseñarnos sin saber él lo equivocado que estaba: que no existen ni fantasmas, ni espíritus, ni ovnis, ni el hombre del saco, los monstruos los tenemos a mano diestra, muy cerca. Y no contaré nada más.

Screenshot (6)Luego me tocó hacer la mili (por cojones, como les gusta a los políticos) y sufrir al gilipollas (o gilipoyas) de Tejero, cual payaso torero entrando sin llamar en el Congreso, disparó una sola bala con su Star de 9 mm porque se le encasquilló el cerrojo (ahí le quería yo ver teniendo en frente a los "Charlie" del Vietcong), mientras yo estaba con mis "se les supone" valerosos compañeros de armas montado en un T.O.A esperando órdenes del “tontolaba” indeciso del coronel de mi acuartelamiento, indeciso porque dudaba entre las suecas constitucionalistas o las beatas bajo palio. Valiente panda de memos, con pistolas cualquiera hace patria, si quieres enfrentarte al toro, sin capote ni espada, con los arrestos que ocultas tras las cachas, y si eres hombre (ser humano), mejor con la palabra y las convicciones, no con gritos de brigada vicetiple y “culogordo”. Y no digo nada más porque algún actual "ex" sangre azul, acabaría "pringaíllo" históricamente. Ele.

 

Screenshot (7)¡Ufff (otra vez)!!!, y ahora en el Madrid de la Screenshot (5)movida, espléndida época que me pillo de refilón en cambio de agujas (¿ferroviarias?), pero que llegué a catar, siiiiii. Unos días recordados con Sol de cambio, transición y mítines y atentados… y con noches de cubatas importados sin las ayudas de los Fondos de Cohesión, esas huchas que han regado de tonterías inmobiliarias la geografía de mi país… y de estrellas, unas lejanas y otras de carne llenas. El Penta y el Rock-Ola… Do you know???… pues si la respuesta es NO, NO viviste la movida, tan sólo caíste entre los LP´s de turno, las pacatas fiestas hogareñas y algún antro quizá de moda, y te dieron las diez… porque tenías que volver al nido… bueno, algo es algo. ¡Vaya subidón, querido Profesor!. Paro ya, lo prometo, déjolo así, no más, que prefiero quedarme con hambre de aquéllas vivencias que con "sed vosotros mismos", forma tonta de no evolucionar nada de nada, cual percebe jubilado intentando bailar una lambada con la ostra, tan cerrada ella por mor de no merecer, que pudrióse su virtud antes de fecha.

Esperad… otra neurona hippie:  Screenshot (8)

Que si Eva María se fué con un ramito de violetas a buscar a María Isabel cuando la Luna llena sobre París iluminaba el dulce rostro de Jeanette, la Rebelde totalmente achuchable, y te decía que no controles, por favor, no controles mi vida, que si me la pego, que sea por mi torpeza, porque no iré ni a Hawái ni a Bombay sin maquillarme en casa de Rufino escuchando cómo Antonio, si, Machado, nunca persiguió la gloria, sino quiso le siguieses por el camino, poeta era, y por ello dejó su tierra, por ti y si después de esto los amigas de tus amigos aún no te hacen caso alguno, sin problemas, déjame de verdad, déjame y no juegues más conmigo, amigo, amiga, que el otro Antonio te estará repitiendo… si pudiera olvidar… no dudaría volver a reír… porque fuimos, y somos, los mejores y las chicas de ayer, ya maduritas, remolonas en la misma cama desde que casaron, aún y siempre hermosas promesas, nunca deben pensar que el tiempo es perdido, ¿verdad Manolo?… ¡Ahhh, cómo hemos cambiado!. Siempre hay que seguir viviendo y no por ti, pequeño egoísta de fechas y viejo en principios, sino por los tuyos, a los que amas con timidez pero con nobleza y sinceridad, por los que te recuerdan alguna vez en sus sueños y pesadillas (que se jodan), por los maestros de la clase y de la vida, muchas veces espontáneos de breves encuentros en bares o taxis y que te espetan un sabio consejo sin tú pedirlo, que son muchos y buenos, pero no santos, ¿para qué?… y por los que nos han dejado, sí, por ellos quizá con más razón, porque quizá les hemos defraudado y ese es el mayor pecado, romper las esperanzas y las ilusiones que ellos pusieron en ti, tirar el tiempo que ellos gastaron con esfuerzo inmenso para encauzar tu errante tránsito; les fallaste y debes pagar por ello no fallando a los tuyos, qué menos…

…Porque hay mucha vida ahí fuera, ¡Ay mi vida!, que rollo, mejor escuchar estas estrellas, muchas se han ido, puta muerte, te llevas siempre a los Dioses cuando más los necesitamos los mortales.

Pillo el Bic Cristal para rebobinar como Dios manda (el Dios del Papa Francisco, claro) el/la cassette de esa mi época que nadie, nadie logrará quitármela porque no me dejaré, y os dejo (espero que para deleite y añoranza) algunos viajes, imaginando mundos de Yupi trabados entre la brea ahumada de mi Laphfroig que me han inspirado estas inocentes líneas y el Bourbon tan "Redneck" pero tan deseable del mejor Hemingway cuando escupió a su chica el más hermoso tortazo: "Me quieres, pero aún no lo sabes".

Pero antes de viajar, un epílogo de cine, tan necesario, tan puñetero cuando finaliza porque nos devuelve a la realidad de n mundo que debería ser más amable; y elijo ese final tan agridulce como el cerdo de los restaurantes chinos (que no es agridulce) de "Blade Runner":

 

 

Deckard llega a la azotea. Intenta saltar hasta otro edificio pero se queda corto. Se mantiene suspendido de una viga con el vacío bajo sus pies. Roy toma una paloma en su mano. Salta prodigiosamente. Observa el sufrimiento de Deckard, a punto de caer al vacío:

Roy: “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo”.

Deckard cae, pero Roy logra sujetarlo en el último momento. Le levanta en vilo y le deja sobre la azotea. Una lluvia fina empapa los diálogos hasta

     Roy: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

Roy muere. Su mano libera a la paloma que sale volando hacia el cielo.

Deckard mira con una mezcla de ternura y alivio al androide muerto y piensa:

     Deckard: “No sé por qué me salvó la vida. Quizás en esos últimos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No solo su vida; la vida de todos, mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos; de dónde vengo, adónde voy, cuánto tiempo me queda. Todo lo que yo podía hacer era sentarme allí y verle morir”.

     THE END

 

Screenshot (1)VICKY    

BOMBÍN

NINO

LOS SECRETOS

NACHA

JUANITO

GITANO

BIRMETTES

CALIGARI

 

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.20.000 Días.

 

Toni (1)Pues hoy día 19 de enero de 2014, sobre las 14:17 h… cumplo…

¡¡¡ 20.000 DÍAS !!!

Muchos pensarán (con algo de razón) ¡qué friki!; pero lo supe por suerte del azar, consultando una web sobre los diferentes calendarios por los que nos hemos regido los seres humanos. Me picó la curiosidad, lo confieso, en un subidón de tonto ego, quería saber cuándos días habían transcurrido desde mi nacimiento y si estaba cerca de alguna cifra en especial curiosa.

Siii, 20.000 días desde que mi querida madre tuvo a bien sacarme de ese nido dónde estaba tan agustito, calentito, bien alimentado con productos de la tierra, con Hilo Musical a casi todas horas, flotando casi en ingravidez y protegido… eso sí, más a oscuras que un búho perdido en una cueva y sin otra obligación que obedecer el manual de instrucciones de la vida para que el brazo no se colocase en sitio inoportuno, ¡gran trabajo de mis dos madres!… y del azar.

El 17 de abril de 1960, domingo de un año bisiesto, no ocurrió nada destacable en el mundo, no nació personaje famoso, seguían en pie varias guerras locales (algunas aún no han finalizado), seguían muriendo muchas personas de hambre y enfermedades (como hoy) y no imaginaba el futuro que me podía esperar. En las escasas revistas de ciencia se auguraba un siglo XXI lleno de coches voladores, inmensas ciudades llenas de árboles y (eso imaginaba) un buen rollito entre los humanos. De eso na, de na, quien diga que la humanidad, que nuestro mundo se ha globalizado y progresa a un futuro mejor, debería hacérselo mirar. No digo que no se haya progresado socialmente (en algunos países), culturalmente (en pocas naciones) o científicamente (en muy pocos estados). No niego cierto progreso en derechos y bienestar (aunque reducido a la cultura occidental), pero siempre, cuando un cercano versado comenta lo guay que es nuestra sociedad, termino pensando en las aldeas africanas, los slam de la India o la favelas cariocas… somos producto del azar, podría haber nacido en cualquiera de esos lugares y mi vida sería muy diferente… si viviese. Y no soy “masoca”, es que no puedo, moralmente, presumir de ser civilizado cuando permitimos las desgracias ajenas y no exigimos acción a nuestra borracha de poder clase gobernante y política. Sociedad entre caníbal y misionera que tan pronto te arruina como te salva la vida.

Y cuento -más por mi afición a la Matemática- que 20.000 días son 2857 semanas y 1 día, 480.000 horas, 28.800.000 deTMam minutos, 1.728.000.000 de segundos… más o menos, es decir, en nuestro actual calendario: 54 años, 9 meses y 2 días, espero que media vida.

No me olvido de mis queridas mascotas: 1 Fox Terrier, 1 Collie enano, 2 Cocker, 1 Setter Irlandés, 1 Pastor Alemán, 4 patos, 3 conejos, 64 ratones, 4 tortugas, 6 pollos, 2 patos, 43 hamsters, 1 petirrojo, x peces… que muchos de ellos me han ofrecido más cariño que muchas personas que se han cruzado en mi vida. Mis pequeños tesoros, como cualquiera tuvo, mi cuaderno, mis lápices y Bics, mi estuche de lápices, mi muñeco preferido, mi Lego, mis minerales, mis libros, mi música… Mis aficiones, mis deseos, mis esperanzas, mis sueños… mi quiosquero, mi lechero, mi cajera del “súper”, mis conocidos del mercado, mis curas, mis compañeros de clase, mis maestros, mis amigos, mi familia… Y digo “mis” porque siempre he deseado sentirme suyos.

He leído cientos de libros, soy un apasionado de la lectura y me encanta tener un libro entre las manos, he visto miles de películas, de todos los géneros, el cine es un arte fundamental. He visitado decenas y decenas de museos y exposiciones, viajado menos de lo que uno se ha imaginado en sus sueños, escuchado mil estilos diferentes de música y siempre he sentido una infinita curiosidad por todo lo que me rodea, esté dónde esté y con cualquiera que tenga a mi lado. La naturaleza es una de mis pasiones, en ella me siento cómodo, ningún animal te critica o se burla de ti, aunque si tiene hambre…

¿Defectos?, ¡huyyy!, todos, los que me conocen los conocen, mejor preguntarles a ellos, siempre se dice la verdad cuando te preguntan acerca de los defectos de uno… Y espero que no me recuerden por ellos. No hablaré de estas cosas tan mundanas y humanas como puedan ser los pecados y tropelías que todos cometemos, me arrepiento de “casi todo” lo malo que he podido hacer, “casi todo”, sí. Sólo dos frustraciones: no haber hecho cosas que hubieran convertido en felices a muchas personas y no haber llegado a ser en la vida aquello por lo que lucharon mis padres.

A día de hoy, con mi maravillosa chica y mis fantásticos dos hijos rebeldes sin causa, sólo espero seguir disfrutando de los escasos y escuetos momentos de felicidad plena que la vida y la gente que te quiere te proporcionan, sin saberlo, de vez en cuando. Creo que la felicidad no se consigue nunca, lo importante es buscarla siempre, desearla para los demás y creer que habita en todos los corazones de la gente. 

No conozco a nadie que sea feliz, sinceramente; siempre he creído que lo importante es buscar la felicidad de los demás, no conseguir la propia, sé que las personas que intentan hacer felices a los demás se pueden considerar felices. Hay personas por las que merece la pena vivir, a otras, en cambio, lo mejor es ignorarlas. Soy de la opinión que no existe nada más terrible que la soledad, aunque muchos la necesitemos de vez en cuando. Prefiero el desprecio a la soledad, así pienso. Y quizá no sea muy extravertido a la hora de expresar mis sentimientos, pero mi familia (algunos) y mis pocos y extraordinarios buenos amigos, saben que pueden contar conmigo, sin preguntar, y saben que nunca les traicionaré.

Podría seguir escribiendo por aquello del subidón del “momento de gloria” que todos tenemos alguna vez en la vida, pero considero que a muchas personas no les interesaría nada las aburridas batallitas y logros conseguidos. También podría seguir glosando mis defectos y virtudes, buscando comprensión y aplauso ajeno, algo de compasión o muchas alabanzas, pero, insisto, la vida de uno es aburrida si se aísla de la vida de los demás; somos islas en un inmenso océano, pero los grandes veleros de los sentimientos, las ideas y las acciones que transitan entre isla e isla, nos hace ser únicos y muy valiosos, pero siempre gracias a los demás.

Y como no sé terminar esta glosa de mi persona en su 20.000 “cumpledías”, copio una estrofa de Miguel Hernández que siempre me ha cautivado como la poesía de la vida y la esperanza (y así quedo muy bien):

(Lo bordan Serrat o Manolo García)

 

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

 

El amor es maravilloso, casi tanto como la propia vida, o más, no lo sé, y produce una intensa alegría en los corazones humanos que, quizá, ni todas las poesías escritas y por escribir apenas lleguen a rasgar el velo tranquilo de este sentimiento único y necesario. Si amas intensamente no esperes respuesta alguna, en ocasiones no perciben esa dicha y si viene despistada se convertirá en el mejor de los regalos que puedas recibir en tu vida y aprovéchalo porque no te lo vas a llevar… Después de estos compromisos no volverás a verte a ti mismo de la misma forma, esos son los riesgos, bellos riesgos, que merece la pena correr.

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.Otra Música de Navidad.

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Llegada esta época tan propiciadora de buenos deseos, sinceras amistades y contundentes atracones, uno (yo mismo) intenta pasar unos días en una actitud mística imposible de conseguir viendo bikinis en pleno julio o persiguiendo mariposas en mayo. Todo el ambiente que se va creando desde casi el mes de septiembre, te aclimata para llegar con buena temperatura a estos días en sus albores paganos y ahora igual de sagrados. Frío, castañas, luces, brillos, turrones, museos, colores, canciones, besos, alegría, películas, cestas de Navidad, nieve, villancicos, cenas de empresa y música… Sí, esa sucesión de rítmicas ondas convertidas por mor de nuestra inteligencia, tradición y cultura, en puro sentimiento que excita y provoca casi interminables sensaciones muchas veces placenteras. Y llegadas estas fechas, todo cambia, hasta la música diríase que se amolda a los vaivenes que nos obliga la vida .

Y en esta faceta artística, recuerdo aquéllos villancicos de dulzor eterno e inocente letra que nos arropaban y protegían del poco justo mundo en que vivimos y, gratis, nos transportaban a mundos de infinita candidez y exagerada bondad. ¡Ahhh!, tierna época llena de color, de vida, de protección, de besos, de ilusiones, de futuro. Estas canciones de temporada siempre las recordaremos con enorme cariño como la banda sonora de aquéllos momentos donde los problemas se escondían de nuestra presencia, el mundo encendía todo su esplendor y los nuestros, la familia, y los cercanos, los amigos, adquirían una inmensa capacidad para amar y ser amados. A veces pensaba que me encontraba en una enorme y maravillosa representación, en una obra del teatro del mundo orquestada por el Dios que entonces regía mi vida. E intentaba aprovechar cada segundo, cada instante, cada acción, cada sueño con extrema intensidad en unos días de leche y polvorones sin saber que las jornadas de vino y rosas rondaban cerca de nuestras vidas.

Estos días invitan a la tranquilidad de pensamiento, a la armonía de movimientos, en ese lugar obsceno para muchos insatisfechos, pero muy necesario para los que aún somos niños, llamado Navidad. Y estoy hablando de sentimientos, buenos y sinceros, no de creencias; al fin y al cabo, en este planeta tan maravilloso conviven (más o menos) muchas formas de creer y pensar, ninguna verdadera pero todas auténticas;

Y la música ocupa un lugar fundamental a la hora de exprimir todo el néctar que nos ofrecen estos días marcados por un eslogan sublime: “Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”. Casi nada, paz… buena voluntad… hombres… de todo esto, la única mentira que arrastramos, pasa por llamar hombres, seres humanos, a muchos de nuestros semejantes. Soy de la “politicamenteincorrecta” opinión que el mal debe existir como referencia de nuestras existencias. Y lo digo porque el mal es necesario, sí, necesario para saber qué es el bien, para saber cómo actuar frente al álbum de las atrocidades que el ser humano continúa realizando por religión o política, dos actividades exclusivamente nuestras que se están pervirtiendo hasta extremos casi irreparables.

Pero, al grano, he hecho una selección de músicas muy aptas para estas fechas porque, lejos de representar religión o creencia alguna, incitan a la reflexión y nos provocan aflorar casi todo lo bueno que tenemos y muchas veces nos avergonzamos de airear. He puesto traducciones bastante cercanas al original, merece la pena seguirlas al ritmo de la música, y recomiendo escucharlas en soledad y completa tranquilidad -¡dificilillo ehhh!-, cerrar los ojos por unos instantes, no os va a ocupar mucho tiempo, merece la pena.

 

EMPATÍA

“Take Five”, de Paul Desmond, interpretada por el querido “The Dave Brubeck Quartet”. Una composición del más puro West Coast Jazz que creo Brubeck con el compás 5/4 tan arriesgado y no utilizado hasta entonces en piezas de Jazz. Una extraordinaria rítmica y desarrollo que no llegó a entender la inmensa mayoría de los amantes del Jazz y tuvo muchos detractores. Con el tiempo se ha convertido en un clásico universal, digno de viajar a las estrellas más lejanas como representante del arte musical más elevado y sensible. Fue interpretada por el cuarteto, por vez primera y en directo, en el «Village Gate Nightclub» de Nueva York en 1959. Hoy, sin duda, es una pieza de una actualidad rotunda, una de esas composiciones de juventud eterna.

 

 

DESEOS

“My Favourite Things”, canción escrita por Richard Rogers y Oscar Hammerstein II para la comedia musical estrenada en 1959 en Broadway “The Sound of Music”; nosotros la conocemos a través de una muy buena interpretación de Julie Andrews en la adaptación al cine de la misma obra, titulada en español (con muy poco acierto) “Sonrisas y lágrimas”. Los buenos deseos que en estas fiestas solemos esparcir por doquier, deberían ser como la semilla que escondes en el frío invierno, arropada por la tierra y esperas verla brotar en los albores de la próxima primavera. Deseos que deberían siempre cumplirse con nuestra ayuda, sin ella todo se queda en palabras sin contenido alguno… Pero he elegido una versión que creo más apropiada para las mentes sensibles. Sara Vaughan poseía una de las voces más impresionantes que he escuchado. La podías oír hablar unas palabras y de su garganta salía una vocecilla dulce y discreta pero, cuando comenzaba a cantar, su voz aparecía con una mezcla de ternura y majestuosidad y te envolvía aunque tú te resistieses.

Yo nunca lo hice, y me alegro.

 

El rocío en las rosas y los bigotes de los gatitos
Ollas de cobre brillantes y cálidos mitones de lana
Paquetes de papel marrón atado con cordeles
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Ponis de color crema y crujiente tarta de manzana
Timbres y campanas de trineo y escalope con tallarines
Gansos salvajes que vuelan con la luna en sus alas
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Niñas vestidas de blanco con fajas de raso azul
Los copos de nieve que se me quedan en la nariz y las pestañas
Los inviernos blancos y plateados que se derriten en primavera
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Cuando el perro muerde, cuando la abeja pica,
Cuando me siento triste,
Simplemente recuerdo
mis cosas favoritas
¡Y entonces me siento mejor!
El rocío en las rosas y los bigotes de los gatitos
Ollas de cobre brillantes y cálidos mitones de lana
Paquetes de papel marrón atado con cordeles
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!”

 

BELLEZA

“Dueto de las Flores” de la ópera “Lakmé”, sublime composición de un Delibes en estado de gracia, en conexión directa con todos los dioses que rigen los destinos de los habitantes del planeta. Pocas veces la música alcanza cotas tan elevadas de belleza y pocas veces, también, provocan, en personas sensibles, un estremecimiento. Considero un buen filtro para saber a quién no le importa llorar de emoción. Estamos en una sociedad que no atesora la belleza como antes solía; continuamente me cruzo y tropiezo con personas rebosantes de vulgaridad en sus gestos u oraciones, por no decir en sus actos. Son entes capaces de disfrazar la torpeza moral entre ropaje de marca o automóviles de clase, la educación les abandonó en sus tiernas infancias.

No les envidio, les compadezco.

Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín se entrelaza a la rosa.
En la ribera florecida que sonríe a la mañana.
Deslicémonos suavemente en sus cautivadoras aguas.
Sigamos la corriente que huye.
En la onda que una mano despreocupada estremece,
Ven, ganemos la orilla donde el manantial duerme y el pájaro, el pájaro canta.
Bajo la bóveda frondosa donde el blanco jazmín,
¡ah, descendamos juntas!
Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín
se une a la rosa
En la rivera florecida que sonríe a la mañana
Ven, descendamos juntas.
Deslicémonos dulcemente por su encantador oleaje,
sigamos la corriente huidiza en la ola trémula de una mano despreocupada.
Ven, lleguemos a la orilla donde el manantial duerme y donde el pájaro, el pájaro canta.
Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín,
¡ah, descendamos/ juntas!

 

AMISTAD

“Lullaby of Birdland”, magistral canción nacida en 1952, con música de George Shearing y letra de George David Weiss. El título hace referencia al maestro Charlie «Bird» Parker y al club de jazz “Birdland”. ¿Y de Amy?, ¡Uf, qué decir de la voz más prodigiosa del Soul, la voz más poderosa del Jazz (con permiso de Ella…), una escuálida y tímida chica del  Southgate londinense de voz rotunda y aterciopelada al mismo tiempo, capaz de abofetearte dos veces y besarte una vez eterna; no era guapa, no era hermosa, no era atractiva, era Amy.

Le falló su gente, sus amigos, suele ocurrir muchas veces…

Nanas del país de las aves…
Eso es lo que siempre oigo cuando suspiras.
Nunca en mi campo de palabras,
Podría hallar maneras de revelar en una frase lo que siento.
¿Alguna vez has escuchado a dos tórtolas,
juntar los picos y arrullar cuando aman?
Ese es el tipo de música mágica,
que hacemos con nuestros labios
…cuando nos besamos.
Y hay un viejo sauce llorón,
él realmente sabe cómo llorar.
Así es como yo lloro en mi almohada
Si tienes que decirme «Adiós y hasta pronto»
Nanas del país de las aves susurro…
¡Dame un beso dulce y nos iremos!
Volando alto sobre el país de las aves.
Arriba, por encima del cielo…
Todo porque estamos enamorados!

 

ESPERANZA

“What a Wonderfull World”, canción escrita por Bob Thiele y George David Weiss, estrenada por Louis. Sí, Louis, a secas. Nadie ha logrado transmitir un sentimiento de esperanza en el futuro como él lo hace en esta sublime melodía. No diré nada más de Louis, sobran las palabras. Hablar de esperanza, de futuro, de confianza en las personas se adivina tarea difícil en los tiempos que corren. La gente es buena, solo que los malos hacen más ruido. Siempre recuerdo la acertada frase de Edmund Burke: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”.

¿Porqué nos dejan tan pronto las mejores personas?

Veo árboles verdes, Rosas rojas también.
Las veo florecer para mí y para ti.
Y pienso para mí mismo,
Que mundo maravilloso.
Veo cielos azules, y nubes blancas.
El día bendecido brillante, la noche sagrada oscura.
Y pienso para mí mismo,
Que mundo maravilloso.
Los colores del arco iris tan bonitos en el cielo,
Están también en los rostros de la gente que pasa.
Veo amigos dándose la mano diciendo cómo estás.
Realmente están diciendo te amo.
Escucho llorar a bebés, los veo crecer.
Aprenderán mucho más de lo que jamás sabré yo.
Y pienso para mí mismo,
Que mundo maravilloso.
Sí, pienso para mí mismo
Que mundo maravilloso.

Desconozco si existe algo después de nuestra obligada “Estación Términi”, ya lo veremos todos, os lo prometo. Pero creo que, exista lo que exista, si uno ha sido protector y garante del amor fraterno, ya ha cumplido con los dioses. Y si existe un más allá, un Paraíso, un Nirvana, un Edén o, simplemente, una mesa dónde reunirse para charlar y reírse de la inmensa estupidez del ser humano, seguro que Louis y Amy estarán mirando nuestras vidas como canciones llenas de intensos y contradictorios matices, seguro que ellos estarán de acuerdo conmigo…

Aquello que nos define como personas no es sólo haber hecho buenas o malas acciones, sino también aquéllas que hemos dejado de hacer.

 

Copyright © Antonio Grañena Marín Texto y fotografías bajo licencia Creative Commons y Safe Creative. Vídeos bajo licencia propia de YouTube. Prohibida su reproducción fuera de los términos de licencia.


.Del Arco Iris De Luna a Las Venas Del Cielo.

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Ya estamos inmersos en el otoño (pavor de depresivos en el hemisferio norte) o en la primavera (terror de alérgicos del hemisferio sur), depende, como todo, ya lo dijo Einstein. De nuevo selecciono unas cuantas imágenes de APOD, teniendo siempre como regla enlazar paisajes de nuestro planeta con fenómenos astronómicos o atmosféricos que muchas personas encerradas en las ciudades se pierden o desconocen de su existencia.

Recordad que pinchando sobre las imágenes las podréis ver a mayor tamaño. Y no vendría nada mal aprovechar y cambiar el fondo de pantalla.

Hala, a disfrutar,

 

 

El pasado día 10 de agosto, el cielo nos volvió a ofrecer un magnífico espectáculo (repetido miles de veces) al aparecer ante nuestros ojos una “Superluna”, nombre popular para denominar el cercano perigeo de nuestro satélite de tan sólo 356.896 kilómetros a nuestro planeta. La imagen tiene algo de truco, en realidad es una composición de 10 fotografías tratadas digitalmente para compensar brillo y contraste. Muchas personas desconocen la importancia que ha tenido nuestro fiel satélite para el surgimiento y propagación de la vida, sin su influencia física, la vida en la Tierra no sería la misma.

Gracias, fiel compañera.

Super Moon

 

El cielo cerca de la ciudad de Yellowknife, (norte de Canadá), lucía así de alegre y festivo, gracias a los efectos que el viento solar y las partículas cargadas del Sol, provocan al chocar con las capas altas de nuestra atmósfera en los polos terrestres. Han sido unas auroras tan brillantes que, durante algunos días del mes de julio, se necesitaba una exposición fotográfica de tan sólo 1,3 segundos para plasmar este casi navideño espectáculo. Hay un vídeo en Vimeo realizado en tiempo real; es impresionante verlo en persona. Además, para quien no se haya dado cuenta, de telón de fondo está la constelación de Orión.

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Estas luminosas nubes tan bien captadas por la cámara en la isla de Gotland (Suecia), se denominan “Nubes Mesosféricas Polares”, también “Nubes Noctilucentes”. Son nubes estratificadas y poco densas que se encuentran en las capas más altas de la atmósfera y brillan al incidir el Sol (ya por debajo del horizonte) sobre los cristales de hielo que las forman, cristales que se han formado alrededor del polvo meteórico en suspensión. Pueden estar situadas a una altura de más de 50 km desde la superficie y son visibles al final del crepúsculo.

En algunos lugares donde se muestran en todo su esplendor, se las denominan las “Venas del cielo”, algo que me recuerda a la famosa y bastante acertada “Hipótesis Gaia“ de Lovecraft.

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Podría parecer una imagen de otro mundo, muy lejano a nuestro planeta, quizá la famosa playa del encuentro en la espléndida novela de Carl Sagan “Contact”. Pero no, esto es una playa de los Lagos Gippsland de Victoria (Australia) en una noche especial, una noche iluminada por una especie de plancton denominada “Noctiluca Scintillans”, estimulada por el leve chapoteo de las olas. Precioso espectáculo natural acompañado por la bóveda celeste del hemisferio sur y el leve trazo de la Vía Láctea.

Siempre que observo asombrado imágenes tan evocadoras, recuerdo la famosa frase de Paul Éluard:

Hay otros mundos, pero están en éste

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La Vía Láctea parece brotar hacia el horizonte desde la parábola de una de las antenas de radio de Warkworth Satellite Station (Aukland, Nueva Zelanda). Acertada y estudiada situación de la cámara que ha captado esta bellísima imagen que aúna la más alta tecnología del ser humano con la más impresionante belleza del universo que nos rodea. Bajo el arco que forma nuestra galaxia se encuentran las dos galaxias compañeras: la Nube de Magallanes a la izquierda y la Gran Nube de Magallanes a la derecha. Dormir al raso bajo el manto estelar y el perfil de las antenas de radioastronomía, se puede considerar el mejor y más suculento postre para todo aficionado a la astronomía… y a la vida.

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Acabo con la guinda de colores, ¿habéis visto alguna vez un arco iris lunar?; pues aquí hay uno, leve pero hermoso, en el mes de junio, en la isla de Molokai (Hawai, USA). Al fondo las luces artificiales de la ciudad de Honolulu y de la isla de Oahu, a casi 30 km del lugar. Como sabéis, un arco iris se forma cuando la luz del Sol (o la Luna) se refleja en las gotas de lluvia, refractándose al cambiar de medio (aire-agua-aire) fenómeno que provoca diferente grado de refracción de las longitudes de onda y da lugar a la separación de los colores. Así, en esta imagen, la Luna se encuentra detrás del fotógrafo, afortunado espectador.

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.¿A quién debes votar, hijo?.

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Pues resulta que mi hijo mayor, Miguel, por vez primera va a ejercitar (como dicen) el sagrado (pero no espiritual) derecho de elección democrática de representantes y gestores de la "res publica", de eso que tanto escuece a propios y extraños, de eso llamado como imprescindible para el buen gobierno de toda sociedad moderna, solidaria y avanzada. El derecho al voto ya lo inventaron hace mucho tiempo como parte esencial del sistema de gobierno llamado democracia, cuando Platón y Aristóteles lo contrapusieron en clasificación a la monarquía (gobierno de una persona) o a la antigua aristocracia (gobierno de los mejores). Dicen que es el menos injusto de los sistemas de gobierno, dicen. Al menos es un sistema que otorga capacidad de decisión al común de los ciudadanos de un país, aunque yo soy de la opinión (nada correcta) que el derecho al voto debe uno ganárselo.

Y mi hijo Miguel tiene cierta madeja mental entre los hilos casi imperceptibles hoy en día de las ideas y/o ideales, los nudos gordianos de las promesas políticas y las agujas incorruptas de las diferentes corrupciones que surgen por doquier como surge la grama en primavera lluviosa. España está, a día de hoy, alcanzando tal cúmulo de casos en que políticos, funcionarios y personas de gran trayectoria servil (“aka” pelotas) efectúan su derecho a la corrupción que, sin ser andaluz exagerado, me atrevo a equiparar mi querido país con algún otro importante país latinoamericano pletórico de mordidas, con la única diferencia a favor de España de la extraordinaria paciencia ciudadana ante tantos desmanes y el “casi” inexistente olor a pólvora quemada. El monto de dinero defraudado, robado o malgastado es de tal calibre y está tan extendido en partidos, sindicatos y organizaciones públicas y privadas, que la inmensa mayoría de los súbditos de este rey campechano, multimillonario y derrochón, estamos anestesiados, bien por el "pan et circensis" del "furgol", la telebasura, la canción del verano o las excursiones de centro comercial o bien (los menos) porque tenemos familia e hijos reconocidos y preferimos no alzar la voz a una clase política alejada de los problemas comunes y anclada, por mor de sistemas electorales caducos, en unos escaños conseguidos sin mirar el número de personas físicas que han votado.

Estas elecciones, Miguel, hijo mío, además tienen como acicate el hecho de ser renovación de cargos en el Parlamento de la Unión Europea, esa suerte de ensaladilla de países casi sin ningún vínculo histórico afectivo pero forzados a convivir para competir eficazmente con otras zonas comerciales del planeta llenas de ojos horizontales o terribles marshmallow´s chamuscados. No se habla de esa "Europa" de Carlomagno, de la Europa de los pueblos, ni tan siquiera se respetó el índice inicial de la denominación estatutaria: Comunidad, definición, a mi entender, más acorde con la variedad de culturas y sensibilidades existentes. Ahora esta unión forjada con visión de futuro pero prostituida por el dinero es, en su mayoría, una Europa mercantilista cuya formación trajo evidentes avances en materia de progreso para los países que llevábamos un considerable retraso en infraestructuras y equiparación de derechos, léase España. Nos beneficiamos de ello y, así, pudimos dar trabajo con los fondos de cohesión y crear desde un polideportivo en un pueblo de 65 habitantes hasta ampliar carreteras, construir hospitales o mejorar universidades (aunque aun no hablemos inglés). Pero los políticos siguen sin darse cuenta del escaso interés suscitado entre nosotros por esa burocracia, inmensa, carísima y elitista de europarlamentarios que, si bien de vez en cuando logran acuerdos beneficiosos para los países miembros, en otras ocasiones olvidan el verdadero propósito de la Unión Europea: el beneficio de sus ciudadanos; a mi me causa cierto "mosqueo" mental las palabras definitorias de su nombre fundacional: "nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los estados y los pueblos de Europa"… ¿y el bienestar y protección de sus ciudadanos, dónde queda?. Las encuestas vuelven a pronosticar una abrumadora abstención y mucho porcentaje de votos en blanco, posiciones tan válidas como el resto de opciones democráticas. Y, aún así, gobiernan sin sonrojarse porque desprecian ese "no voto" al considerarlo elección de dormilones, vagos o ácratas. Dudo que existan tantos irresponsables.

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Miguel, yo he votado muchas veces desde las primeras elecciones democráticas que se instauraron en España. A estas alturas electorales, he llegado a la conclusión que, de todas las votaciones en las que participé, la más importante fue la del año 1978, cuando los entonces asustados ciudadanos acudimos a votar la aprobación de la primera Constitución Democrática de nuestro país, la primera, año 1978, cuando otros países con mucha menos trayectoria histórica que el nuestro, llevaban más de 200 años de desarrollo democrático. Voté con la ilusión del ciudadano que desea lo mejor para la buena gente de este país (la mayoría), voté con la esperanza de conseguir el olvido por parte de sectores alistados a la caspa franquista (parte excelsa de la derecha) y por parte de camaradas pringados por la grasa del bocadillo de panceta (parte guerrillera de la izquierda), unos deseosos de aguantar el poder y otros deseosos de revancha serrana. Aún así, se pudo transitar con relativa paz social (aunque con los muertos del terrorismo) y conseguir avanzar hasta donde hemos llegado. Me imagino que ahora, después de llevar unos cuantos años leyendo prensa, Internet, viendo televisión y escuchando comentarios de tus padres, te preguntarás: ¿tantos años de paciencia, sacrificio y trabajo de todos los españoles para llegar a esta situación actual?.

Miguel, hijo, vas a votar por vez primera el próximo 25 de mayo, y me preguntas de vez en cuando a quién voy a votar yo, incluso a quién deberías votar tú. Y te digo que el voto es secreto, quizá el único secreto entre familia; yo nunca he querido influenciarte ni en tu forma de pensar, creer o actuar, tan solo hemos intentado tus padres, educarte en unos valores universales que la política y la religión llevan apropiándose durante siglos.

Nuestra democracia, aunque no lo creamos, aunque los mayores no lo perciban, es muy joven aun, le faltan años de madurez, respeto, diálogo, tolerancia, consenso… incluso elegancia en las formas, en el lenguaje de políticos que braman porque no saben qué es la dialéctica, entre políticos ávidos de poder rodeados de gente "pelota" y servil sin los arrestos necesarios para plantarles cara cuando comenten cualquier irregularidad o incumplen las promesas (disciplina de partido lo llaman). En España, a día de hoy, existen cientos de políticos encausados por diferentes delitos de corrupción, malversación y prevaricación, desde luego que no podemos generalizar, que los corruptos son una parte pequeña y la mayoría es gente sana y deseosa de gestionar la sociedad para el bien común; sin embargo, sinceramente, ¿puede creerse alguien que estos políticos honrados no sabían nada al respecto de los delitos que estaban cometiendo sus altas instancias ideológicas?, yo no me lo creo, y si lo sabían ¿porqué no lo denunciaron?. Quizá por ello nunca podré pertenecer a un partido político, porque nunca podré apoyar a un compañero del que sepa ejecutor de cualquier delito.

Pero, lo que más me preocupa del estado actual de nuestra sociedad, es la inmensa indiferencia de muchas personas que prefieren morderse la lengua hasta sangrar, mirar hacia otro lado o creerse las mentiras, antes que poner en tela de juicio las actuaciones de sus líderes o partidos, sus convicciones pregonadas por personas corruptas; prefieren la sucia fidelidad antes que la dignidad incómoda. Triste pero cómoda elección, te has dado cuenta ya, Miguel, que muchas personas parecen preferir creerse sus mentiras antes que cambian de opinión, prefieren la comodidad de la injusticia antes de airear las vergüenzas en pos de una necesaria limpieza moral.

Bueno, Miguel, lo importante es que participes, que votes, cualquier decisión tuya es importante aunque la mantengas en secreto, y es importante porque personas como tú pueden cambiar una sociedad sin el ímpetu de los ideales que forjaron a personas muy importantes en la historia de la humanidad, ideales sustituidos por moneda de cambio de favores y prebendas. Pero lo más importante es la fidelidad a tus ideas, a tu forma de ver la vida y a tus ganas de cambiar… cambiar, un verbo temido como pocos por las personas ancladas en el fango, personas, muchas veces, insolidarias y egoístas, de ideologías que parecen dispares pero que, en el fondo, tienen un objetivo común: el poder. Repito, se fiel a tus ideas pero siempre pensando en el bien común que, en muchas ocasiones, no coincidirá con tus pretensiones pero te hará ser una persona digna y honrada. Nunca permitas las dos cualidades más deleznables en una persona: la mentira y la traición, que solo merecen el desprecio tuyo porque la fidelidad es algo muy valioso y difícil de conseguir.

¿A quién debes votar?, pues la elección es exclusivamente tuya, aparte de las palabras y consejos de familiares, amigos, enemigos o tertulianos, la decisión de votar pasará por beber de todas las fuentes (que para eso tienes toda la información a tu alcance) y decidir la postura que debes adoptar ante tu primera votación porque, luego, al paso de los años, se cambia varias veces, incluso llegas a votar a las personas no a las ideas, algo tan denostado en esta sociedad tan mercantilista e insolidaria.

Te copio dos de tantas frases con sentido común que puedes encontrar en Internet, estas son de un gran estadista, del actual Presidente de Uruguay José Mujica:

 

"Abogo por una manera personal de vivir con sobriedad, porque para vivir hay que tener libertad y para tener libertad hay que tener tiempo… Entonces soy sobrio para tener tiempo, porque cuando tú compras con plata no estas comprando con plata, estas comprando con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata.”

"En política no existen las utopías, sino las cosas difíciles de realizar, pero no imposibles."

Y debes aprender la diferencia entre un político y un estadista porque, a diferencia de aquel, el estadista piensa en el futuro de los ciudadanos, de su país, y al político solo le interesa el presente y su futuro, no el tuyo. ¿Significa todo esto que reniego de los actuales políticos?, no, pero el sentido de la prudencia se impone sobre la confianza ciega.

Posiblemente no te haya resuelto ninguna de tus principales dudas: ¿Qué voto?, ¿a quién voto?;  solo te digo, Miguel, infórmate bien, lee de todas las fuentes, empápate de opiniones y, al final, no hagas caso a ninguna, ni siquiera todo lo que te he escrito, porque siempre he creído que las grandes ideas, los grandes logros pasan por el diálogo y la empatía con tus vecinos de sociedad civil.

Vota; tienes la capacidad más importante para cambiar, con el resto de personas, el mundo: la libertad.

 

·Texto bajo licencia Creative Commons· Prohibida su reproducción fuera de los términos de licencia.


.El miedo como medicina.

 

JohnnyExpress, de AlfredImageworks. Muchas veces hacemos cosas, actuamos (quizá de forma inconsciente) como si el resto de las personas que nos rodean, con las que convivimos en sociedad no existiesen, fueran invisibles. Este buen corto de animación incide, utilizando una clave de humor algo negro, en esa indiferencia, descuido o despreocupación que, por diversos motivos, puede llegar a ser pauta común de nuestro comportamiento:

 

Beauty of Mathematics, by Yann Pineill & Nicolas Lefaucheux. La matemáticas, la mates de la escuela, asignatura poco atractiva cuando se desconoce su arquitectura reglada y la belleza intrínseca del orden representado por las cifras. Las matemáticas están presentes en todo nuestro universo tal y como lo representa este vídeo, todo está definido por reglas y ecuaciones, sistemas y relaciones que dan lugar a procesos naturales perfectamente reproducibles:

 

MITE, by Walter Volbers. Nuestro mundo tiene la particularidad de contener otros mundos, es solo una cuestión de escala. Y que mejor manera de sumergirnos en esos mundos a través de este laborioso trabajo de animación (bastante acorde a la realidad) que nos sumerge en el mundo de lo microscópico, de lo diminuto, repleto de seres algo monstruosos y desagradables con los que convivimos y compartimos amores y odios:


 

Lights Out, by David F. Sandberg. El miedo puede modificar nuestro comportamiento racional hasta niveles de ansiedad y desasosiego muy elevados. El miedo tiene escalas de afectación que dependen de la sensibilidad emocional y la inteligencia adquirida del entorno, cualidades que pueden (bien dirigidas) llevarnos al control casi absoluto de emociones y reacciones. Este corto, premiado en varios festivales, es claro ejemplo de cómo con escasos medios, gran creatividad gráfica e inteligente manejo de tiempos y reacciones, podemos azuzar los miedos ancestrales y pasar del horror al terror, y del terror al pavor…

Si os creéis con suficiente control emocional sobre vuestro subconsciente más primitivo, apagar todas las luces, poner el vídeo a toda pantalla con el sonido a tope y disfrutar… en la más completa soledad…


.Carta de amor para el Ununseptio.

Screenshot_10Resulta que ya tenemos (oficialmente) nuevo elemento químico, el Ununseptio, Uus, con el bonito número atómico 117, sintetizado en 2010 por rusos y americanos en la Universidad de Dubna y vuelto a sintetizar por el GSI de Alemania (expertos en crear relaciones amistosas entre protones tipo Meetic), y con esta doble confirmación ya solo queda el veredicto de la UIPAC para llenar la tabla periódica de nuestro universo de otro pesadísimo elemento "posiblemente" inútil a efectos prácticos pero importante referencia curricular de laboratorios cañeros. Esto de juntar partículas para conseguir elementos nuevos extraordinariamente inestables y fugaces, viene siendo una suerte de cara competición dentro de la comunidad científica. Cara pero necesaria para alcanzar esa barrera donde, parece ser, podremos sintetizar elementos nuevos estables y funcionales desde el punto de vista químico, dando paso a una nueva física de materiales.

Bueno, ahora falta por oficializar por confirmación independiente, el elemento número 118, el Ununoctio… ¿se anima alguien?.

 

No es broma, todo es cuestión de ponerse, y si no que se lo digan a este chaval de 13 Screenshot_7añitos de nombre Jamie Edwards que gastó sus ahorrillos, más la socorrida ayuda de una beca, para construir un reactor de fusión casero; no ha sido el único, pero sí es la persona más joven que lo ha realizado hasta ahora. ¡Ahhh, juventud, divino tesoro (junto al dinero)!. O el ejemplo de teson y ciencia aplicada en la persona de este otro jovenzuelo, Justin Beckerman, que ha construído un sumergible con 1.000$ ahorrados (meses sin chuches) capaz de navegar a 10m de profundidad y controlar todo el sistema de lastre y propulsión a través de un eficaz diseño del panel electrónico. ¡Mooolaaa!

¿Quién se atreve con el elemento 119?, ¡ánimo!. Y si no, siempre podremos apadrinar a un científico en esta España de pandereta, cantantes, toros y “furgol”, de Quijotes que ven gigantes en aerogeneradores y Sanchos dedicados a engordar la panza permutando ingredientes. No desdeño nada de esto, pero la proporción no está, ni mucho menos, en equilibrio; olvidamos aquellas siglas (I+D+i+inversión+imaginación+ingenio) que hacen progresar a las naciones. Si Don Ramón (y Cajal) o Juanelo (Turriano) levantasen sus neuronas, buscarían mejor acomodo a sus ideas que este país convertido en centro comercial. Triste destino nos depara el futuro.

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No somos nada, basta con mirar esta curiosa y asombrosa infografía del USGS. Si pudiésemos agrupar toda el agua del planeta Tierra en una única esfera, obtendríamos esta escueta gota. Y me refiero a toda el agua del planeta, a toda, la mar, los lagos, ríos, aguas subterráneas y la atmósfera; pudiera parecer algo increíble pero los datos no engañan y sí nuestra percepción de la realidad.

 

 

 

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Y para rematar el tema y crear cierto desasosiego primaveral, en esta otra infografía se une lo anteriormente descrito para el agua con el aire que respiramos, todo ello, el total de nuestra atmósfera (como referencia a 1 atmósfera de presión y a nivel del mar) para darnos cuenta de la importancia de estos dos imprescindibles recursos vitales y su valor con respecto al resto. Toda la vida sobre el planeta Tierra, depende de estas dos pequeñas esferas. “Al verlo escalofrío siento un”, como diría el Maestro Yoda. 

 

 

 

 

Screenshot_3Y para bajarnos los humos como especie “superguay”, ¿si agrupásemos a toda la actual población de seres humanos del planeta, cuánto espacio ocuparíamos?, pues este montoncito de almas y vidas en un pequeño valle del Gran Cañón del Colorado. ¡Lección de humildad!.

 

 

 

 

La ciencia es investigación y experimentación, observación y razonamiento, no en ese orden, porque muchas veces no es el orden lógico seguido. Pero los resultados que la ciencia nos ofrece, en sus logros, muchas veces conllevan descubrimientos que entran dentro del imprevisible mundo de los sentimientos y las emociones, esas combinaciones químicas que nos permiten vivir, gozar y sufrir.

Hace poco, un especialista en descifrar runas (ese alfabeto tan vikingo) ha descifrado el mensaje en el dialecto Jötunvillur que aparecía en un trozo de hueso de hace 900 años de antigüedad. Y no por escueto deja de ser importante su significado, un significado tan universal como deseo, que incita al amor, a la paz o al encuentro amistoso: “Bésame”.

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O esta noticia que encontré “ad-hoc” algo antigua pero preciosa, sobre la desgarradora carta de amor eterno que depositó carta--644x362(hace más de 500 años) una esposa coreana en el ataúd de su marido; esta es la transcripción de dicha carta, amor y tristeza mezcladas en extraña belleza epistolar:

Al padre de Won

1 de junio de 1586

Siempre dijiste: "Amor, vivamos juntos hasta que nuestro pelo encanezca y podamos morir el mismo día. ¿Cómo has podido morirte sin mí? ¿A quién vamos a escuchar mi pequeño y yo, cómo debemos vivir? ¿Cómo pudiste alejarte de mí?

Recuerdas cómo tu corazón moraba en mí y cómo yo habitaba en el tuyo? Cada vez que nos acostábamos juntos siempre te decía: "Amor, ¿habrá alguien que se quiera como nosotros? ¿Realmente como nosotros?" ¿Cómo pudiste dejarme así, después de todo?

Es que no puedo vivir sin ti. Es que quiero irme contigo. Por favor, llévame a donde estés. Mi corazón, mis sentimientos hacia ti son lo último que podré olvidar en este mundo. En mi corazón desgarrado solo queda un dolor sin límites. Solo puedo preguntarme: ¿cómo puedo vivir con el niño si nos faltas, pensando en ti, sin fuerzas para sosegarme?

Por favor, respóndeme a todas estas preguntas, lee esta carta y contéstame con todo detalle en mis sueños, en cuanto puedas. Esa es la razón por la que te escrito esta carta y la entierro contigo. Ojalá pueda escuchar tu voz suavemente en mis sueños. Mírala atentamente y habla conmigo. Un día me dijiste que querías decirle algo al niño cuando viniera al mundo, pero te has ido tan repentinamente. Cuando dé a luz al niño, ¿a quién llamará padre?

¿Cómo puedes entender cómo me siento? No existe una tragedia como este dolor mío bajo el cielo. Te has ido a otro lugar, pero no padeces una tristeza tan profunda como la que me dejas. No puedo contar cómo me siento realmente, no puedo expresar mi dolor sin fin salvo con estas palabras ásperas y precipitadas.

Por favor, como te digo, lee atentamente esta carta y ven a mis sueños y muéstrate y hablemos de todas estas cosas. Estoy tan segura de que podré verte en mis sueños. Ven a mí en secreto y muéstrate, ¿Lo harás?. Hay tantas cosas que debo decirte, tanto que queda fuera de esta carta. Adiós.

Te quiere, tu esposa

 

Y qué decir de esta otra carta encontrada en la Alhambra de Granada en unos trabajos de catalogación de artesonado mudéjar de la desaparecida iglesia de San Gil en Granada, una carta que el alpujarreño Pepe escribió a su amada Emilia allá poro-CARTA-AMOR-570 el año 1921, un lunes 29 de agosto, cuando la calor remite pero las pasiones siguen aflorando sin control:

(extracto)

Si el miércoles no las llevara, no hables el jueves al otro que va con uvas (…) Me dirás si recibiste las uvas y que mandarás las cartas con el que lleve las uvas (…) Sin otra cosa por hoy, besos del que te quiere..

 

¿Cuál fue el motivo para esconder la carta, quién lo hizo, leyó Emilia la misiva y pudo recoger la misteriosa segunda carta, qué le decía Pepe en esa segunda carta?…

 

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Para finalizar este “brainstorming” solitario, paso a preguntarme : ¿la todopoderosa NASA no tiene asesores de imagen?, ¿la todopoderosa NASA no puede contratar creativos de publicidad?. Esto viene a colación sobre el anuncio oficial del nuevo traje para los astronautas futuros, el NASA Z-2… sin comentarios, con lo bien que suelen hacer los yanquis en las películas de ciencia ficción, con lo molones que resultan los trajes creados para Alien, con el extraordinario diseño de producción de muchas series y la enorme creatividad conceptual que despliegan… ¿qué narices de traje han diseñado?; desde luego, tecnológicamente hablando es increíble, pero parece más una mezcla de un aprendiz de Buzz Lightyear imitando a Tron pero con bermudas de un friki californiano y un toque del hombre de hojalata de El Mago de Hoz… tremendo… espero que rectifiquen… vaya porquería de “selfies” se harán con este engendro de diseño… y es que la ciencia y la tecnología no están reñidas con el diseño… véase Apple Samsung, je, je.

 

 

Uno más, ver nuestro planeta en directo a través de un experimento en “streaming” con cámaras exteriores de la ISS, impresionante cuando se pasa de la noche al día, no os lo perdáis, bellísimo espectáculo:

ISS HD Earth Viewing Experiment

 

ISS HD Earth Viewing Experiment


.El erotismo de la desgracia.

 

La guerra, todas las guerras, es el máximo exponente del mal, ese concepto creado exclusivamente por el ser humano y aplicado en su propio beneficio o desgracia. Y en las guerras afloran todo el odio y la indignidad que nos debería avergonzar como especie civilizada. En esta fotografía, realizada en diciembre de 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial tornaba hacia una solución final, un famélico prisionero de guerra japonés es obligado a limpiar (desnudo y humillado) la cubierta del USS New Jersey. Todo ante la mirada de decenas de militares estadounidenses sabedores de su supremacía. No encuentro cara alguna que manifieste alguna comprensión, algún atisbo de piedad por tal atroz vergüenza. Más aún, con un telón en escalera de orgullosos soldados, en primer término uno agazapado graba la escena, el típico marinero “brutote” vigila, palo en mano, por si el prisionero osa rebelarse, a su lado, otro marinero de brazos cruzados casi a punto de pasar de la sorna a la risa y un frente de mandos en una absoluta variedad de actitudes de desprecio. Suerte que la inmensa mayoría de tales individuos, a estas horas, ya habrán muerto de viejos, llevándose la indignidad como seres humanos. Pero el desgraciado japonés también habrá dejado de existir sin ver una atisbo de justicia moral.

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Una chapa hace mucho. Me refiero a una insignia, medalla, condecoración o cualquier otra distinción física que otorgue rango o importancia. Nuestro país es muy dado a las chapas y a las gorras, siempre han impuesto autoridad los antiguos bedeles de ministerios tocados de gorra y hombreras castrenses y escasa educación. Bien es cierto que muchas personas se merecen dichos honores y, además, el privilegio de lucirlos, que para eso se lo han ganado. Desconozco si el militar de medio cuerpo merece tanta chapa, quizá fue un buen hombre con sus hombres, pero la fotografía no deja de ser una pirueta no solo icónica sino de truculento destino.

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Un auténtico decorado natural de ruinas y muerte. Escombros grises en esa mezcla tan poco atractiva, tono lejano al elegante negro o al luminoso blanco, escombros caóticos que ocultan las tumbas de la injusticia, en Siria, cuna de una de las civilizaciones más importantes de la antigüedad, zona proclive al caos y a la tragedia gracias a los esfuerzos de los países colonizadores de la santa Europa y el bendito Estados Unidos y que dejaron en herencia unas democracias falsas y atroces. Polvos grises que aun rebozarán los pequeños trozos de carne humana de niños y niñas que no pudieron ser recogidos a tiempo porque las bombas no esperan. Pero, sobre un carro también gris, aun así, el color de la vida surge iluminada por un rayo del sol de mediodía, en alguna tregua, bajo la mirada perdida del vendedor enfundado en el color azul de su jersey, color que representa la sabiduría, la confianza y la esperanza que, según dicen, es lo último que se pierde. Y la tenacidad de la gente, expresada en el paciente gesto de este vendedor de fruta esperando clientes y justicia. Pero, para mi, el más bello color que existe en esta fotografía, es el color de la piel humana… de la piel viva.

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Primero hay que explicar la foto, describir a los personajes de este último acto. La mujer que yace casi agónica en la cama, tiene 92 años de edad, iluminada por esa luz intensa. El hombre que intenta cuadrar las piezas de un rompecabezas, es su hijo de 62 años, discapacitado mental, inmerso en la sombra de su futuro. La mujer falleció ese mismo día. Su adulto hijo, quizá en esos últimos instantes de vida de la única mujer que le amó hasta el final, intentaba buscar respuestas en el amasijo de las extrañas piezas del rompecabezas de su vida, quizá buscando respuesta a las preguntas que hacía tiempo le rondaban por su mente: ¿porqué él era diferente a los demás?, ¿porqué su madre ya no le podía ofrecer el amor de tantos años?, ¿cuál será el futuro de su vida?.

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Esta dulce mujer, posando allá por el lejano año de nuestro señor de 1920, ya intentaba ejercer sus derechos como persona capaz de todo intentando realizar una arreglo mecánico en uno de los pesados y ruidosos automóviles de entonces. O al menos eso parece. Hoy en día, en los países occidentales (Europa/USA y algún otro despistado más) la igualdad en derechos de la mujer ha dado pasos de gigante con respecto a años anteriores. Si embargo subyace un capa de machismo "tocahuevos" de difícil erradicación. Y digo "tocahuevos" porque los machos actuales, en vez de lidiar con semejantes “brutotes” en batallas y duelos, cazar terribles fieras a pecho descubierto o alardear de poder y esclavos en foros públicos, se dedican a tocarse la entrepierna o presumir de gónadas cuando se suscita la descripción de una fémina o las proezas sexuales no probadas. No es algo general, sería injusto, pero el machismo sigue vigente y muy extendido; ¿se puede luchar contra los genes?. Por cierto, la provocativa chica de la foto solo fue modelo de una serie de postales eróticas de la época. Algo es algo.

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·Fotografías bajo licencia. Texto bajo licencia Creative Commons y Safe Creative.


.La noche oculta el mundo.

 

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Pues ya estamos inmersos en otra estación, terror de alérgicos del hemisferio norte y pavor de depresivos en el hemisferio sur. Pero nada podemos hacer al respecto, los ritmos de la vida en el planeta Tierra nos condicionan para mal o para bien, en un eterno y delicado balanceo entre la felicidad por momentos y la desdicha a plazos. De nuevo selecciono unas cuantas imágenes de APOD, teniendo siempre como regla enlazar paisajes de nuestro planeta con fenómenos astronómicos o atmosféricos que muchas personas encerradas en las ciudades se pierden o desconocen de su existencia. Recordad que pinchando sobre las imágenes las podréis ver a mayor tamaño. Hala, a disfrutar,

 

¡Uf, vaya imagen tan curiosa!. Mezcla de una deformación del tiempo, al estar tomada en una exposición de más de dos horas, y una deformación del espacio, porque la imagen es, en realidad, una panorámica de 360º que se ha comprimido horizontalmente. Polo Norte Celeste a la izquierda y Polo Sur Celeste a la derecha abajo, oculto. Fotografía realizada en el  Parque Nacional de los Arcos, Utah (EE.UU.); a la derecha está el  Delicate Arch y cerca del centro la Vía Láctea. Casi nada.

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Pues la hermosa e impresionante Luna llena emergiendo sobre el  Observatorio Lick. Fotografía conseguida gracias a una exacta elección de la posición de la cámara para conseguir este perfecto alineamiento en el momento justo. Esta luna llena del mes de enero también se denomina tradicionalmente Luna del Lobo. ¡Cuántos romances y desencuentros se habrán producido ante el abrigo de su leve y tranquila luz!.

2014LickFM_baldridge

 

Más sobre la Luna, esta del mes de febrero, atenuada por las finas nubes pero iluminando el erosionado paisaje de las  Alabama Hills, en el Mt. Whitney, California. El poderoso Orión a la derecha vigilando a Júpiter (en el centro, arriba) y la bella y  fría estrella Sirius, coronando el Arco de Möbius. Mágico escenario.

LH8056_Möbius Arch Moonrise

 

Otra fotografía curiosa. O rara, si alguno quiere. Se ha utilizado un efecto denominado “panorámica esférica” que consiste en “doblar” digitalmente sobre el horizonte una fotografía panorámica de 360º hasta conseguir este notable efecto. Los pilares de luz aparecen cuando las luces urbanas de la localidad finlandesa de Siilinjärvi, se proyectan sobre los cristales planos en suspensión en el frío aire circundante, dando lugar a este precioso espectáculo natural.

LightPillars_JanneVoutilainen

 

Para finalizar, a las orillas del lago Turkana, en Kenia, cuna de la humanidad, con Venus como luz predominante y el cinturón de la Vía Láctea, imaginando a los primeros homínidos preguntándose por el sentido de tan maravilloso cielo.

Un proverbio persa dice con sublime acierto: "La noche oculta el mundo, pero revela el Universo."

The Milky Way and planet Venus in the evening twilight over Lake Turkana, northern Kenya.

 

·Fotografías bajo licencia propia APOD. Texto bajo licencia Creative Commons·